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El mundo según Pato Navia

 
20061029 El MOP-Gate de Bachelet



Patricio Navia

Octubre 29, 2006

 

Si bien Chiledeportes se puede convertir en el MOP-Gate de este gobierno, Bachelet—y la oposición—puede demostrar que aprendió las lecciones de esa traumática experiencia del gobierno anterior. Bachelet puede convertir este escándalo en una oportunidad para hacer mejor política y para reformar el aparato de estado en la dirección correcta.

 

La reacción inicial de Bachelet fue anunciar castigos ejemplares para aquellos involucrados. Pero como el “caiga quien caiga” ya lo escuchamos hace 4 años, el gobierno debiera anunciar medidas de reforma institucional que eviten futuros escándalos similares. Por ejemplo, la propuesta de Sebastián Piñera para modernizar y fortalecer la Contraloría debiera ser aprovechada por Bachelet para transformar el escándalo en una oportunidad para demostrar oportuno liderazgo para hacer buen gobierno. Además, salvaría una aparente derrota de su nominado para la Contraloría. Si quiere salvar a Paulina Veloso de esta trampa auto-tendida, Bachelet debiera impulsar una reforma profunda (ciertamente necesaria) de la institución encargada de velar por la probidad de los organismos del estado.

 

Adoptar una agenda pro-activa le permitirá a Bachelet frenar las acusaciones mutuas entre los partidos de la Concertación. Uno de los principales costos del MOP-Gate para el Presidente Lagos fueron las zancadillas colectivas que se hicieron los partidos de su coalición. Ya que el sistema binominal genera competencia sólo dentro de las coaliciones, los partidos sólo pueden crecer a costa de sus aliados. Cada vez que la Concertación ha sido golpeada por escándalos de corrupción, cada partido ha buscado hacer pagar los costos a sus aliados. La gobernabilidad de la que se enorgullece la Concertación es puesta seriamente en entredicho cada vez que arrecian las polémicas sobre corrupción.  

 

Por cierto, la Alianza también debiera demostrar que aprendió lecciones de los escándalos de 2002. Los incentivos perversos del sistema binominal llevan a RN y UDI a aprovechar cualquier ocasión para dañarse mutuamente. Porque la Alianza sólo lograr doblar a la Concertación en un distrito, cada parlamentario que logre RN es un escaño perdido para la UDI. Además de evitar convertir un problema en la Concertación en una nueva guerra civil propia, la Alianza debe aguantar sus impulsos a vociferar denuncias hasta recopilar información concluyente de corrupción. Así fehacientemente podrá demostrar tanto las responsabilidades de la Concertación como su capacidad para tomar responsablemente las riendas del poder político.

 

Porque quedan pendientes aristas en el escándalo en Chiledeportes, tanto el gobierno como la oposición tienen la oportunidad de demostrar que aprendieron la lección del MOP-Gate. Quien haya aprendido más, podrá convertir este escándalo en oportunidad para mejorar nuestra institucionalidad y para ganarse la confianza de un electorado cada vez más dudoso sobre la probidad de la clase política.



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20061027 Nueve mil kilos de errores



Patricio Navia

La Tercera, octubre 27, 2006

 

Su actitud demostró desatino político y falta de sentido común en tantos niveles diferentes. Por ello, el Ministro de Relaciones Exteriores quedará en una situación muy incómoda si, como todo indica, resulta falsa la investigación de los lingotes de oro de Pinochet.  

 

La información hasta ahora disponible apunta a que tal oro no existe. Peor aún, los datos públicamente disponibles hacen difícil entender por qué Alejandro Foxley se animó a decir que la información que le había llegado merecía “ser tomada en cuenta, en serio, en los tribunales.”

 

Además, recién se había destapado un notorio caso de corrupción en Chiledeportes. Las revelaciones sobre el supuesto oro de Pinochet parecía caer como anillo al dedo al gobierno: los escándalos más grandes hacen olvidar los alborotos menores. Por eso, más que salir a dar piso a los rumores, el gobierno—representado por el jefe de su diplomacia—debió haber guardado prudente silencio. Uno no tiene por qué anunciar cada vez que facilita información a la justicia. Menos aún hay que emitir juicios de valor sobre la veracidad de los antecedentes entregados. Hubiera bastado un comunicado confirmando la información. Si tantas ganas había de emitir opinión, debió señalarse que, dado el monto, la historia parecía inverosímil. Si los lingotes de oro hubieran aparecido, nadie habría acusado al gobierno de ingenuidad. Es más, hasta sus más acérrimos adversarios se hubieran sorprendido de descubrir a un Pinochet bucanero. Pero porque con sus dichos y actitud salió a validar los rumores, el gobierno—y aquí no sirve que La Moneda busque distanciarse—se hizo parte de lo que parece estar convirtiéndose en una patética chambonada.

 

Irónicamente, el justamente vapuleado ex dictador está quedando bien parado. Al final del día quedará parcialmente exculpado. En comparación, las acusaciones sobre corrupción hasta ahora conocidas son nimiedades. Nueve mil kilos de oro hubieran sido evidencia incontrarrestable de corrupción.

 

La Moneda ha buscado alejarse del escándalo guardando silencio. Pero Foxley es un hombre de confianza de Bachelet, por lo que el gobierno se sintió en la obligación de salir a corregir los dichos del Canciller. Lo hizo en forma inusitada, por medio de una conferencia de prensa del subsecretario (s) Carlos Portales.

 

Todo el mundo tiene derecho a cometer errores, pero el gobierno no tiene por qué compartir el innecesario y bochornoso costo político de un error producido por la falta de sentido común del Ministro de Relaciones Exteriores.

 



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20061026 la familia en Chile



Patricio Navia

Revista Capital, #191, octubre 20, 2006

Porque es la primera preocupación de la gran mayoría de los chilenos y porque conservadores y liberales se disputan el mejor derecho de protegerla y fortalecerla, la defensa de la familia se transformará en un importante campo de batalla electoral y político en nuestro país. Aquellos que primero encuentren una definición adecuada y logren articular una propuesta creíble y atractiva en su defensa tendrán una inmejorable ventaja en las futuras elecciones y podrán configurar el tipo de sociedad que tendrá nuestro país para el bicentenario.

En una importante contribución al debate, los cientistas sociales J. Samuel Valenzuela, Eugenio Tironi y Timothy R. Scully recientemente publicaron un volumen editado con estudios propios y de investigadores de la Universidad Alberto Hurtado. El eslabón perdido: Familia, modernización y bienestar en Chile (Taurus 2006) llena un enorme vacío en la literatura especializada, pero también en el foro de debate público. Con acuciosas y sólidas investigaciones, los autores analizan desde el lugar de la mujer en la economía y el mercado de trabajo hasta los patrones de natalidad de nuestra sociedad. Por ejemplo, en un cuidadosamente elaborado capítulo, J. Samuel Valenzuela (posiblemente el más influyente sociólogo político chileno de las últimas décadas) aborda la relación que pudo existir entre las instituciones de bienestar que diseñó Chile a comienzos del siglo XX y el crecimiento que experimentó nuestro país durante todo el siglo. En una provocadora comparación entre Chile y Suecia (países que hace cien años tenían niveles de desarrollo económico bastante comparables), Valenzuela alega que de haber tenido instituciones de bienestar mejor diseñadas y más conducentes a la protección de los niños y los ancianos, Chile podría haber tenido menores niveles de crecimiento poblacional y también mayores niveles de desarrollo durante el siglo XX. Aunque los discursos en defensa de la familia nunca estuvieron ausentes del país, en la práctica las políticas públicas del estado no contribuyeron a fortalecer las familias privilegiando a los más débiles.

El eslabón perdido entrega datos, insumos e ideas para todos aquellos intrigados por el debate sobre la familia e interesados en proponer ideas conducentes a fortalecerla y protegerla. Independientemente del conservadurismo o liberalismo de cada lector, ya que esclarecen la realidad de la familia chilena las contribuciones de este libro son esenciales para elaborar propuestas, ya sea que busquen fortalecer las familias tradicionales o bien quieran hacerse cargo de la existencia de una diversidad de núcleos familiares distintos. Aunque los autores plantean lineamientos generales en forma de propuestas, este libro puede ser texto de ayuda para aquellos que sueñan con el ideal (que aparentemente nunca fue demasiado mayoritario en Chile) de una familia con papá trabajador, mamá en la casa e hijos estudiando. Pero El eslabón perdido también resulta iluminador para aquellos que, abrazando ideas liberales, buscan legitimar una definición más pluralista, incluyente y amplia de familia. Desde los simpatizantes del retirado y conservador Cardenal Jorge Medina hasta los aliados de la Jueza Karen Atala en su lucha por construir una familia junto a su pareja lesbiana, el lector encontrará argumentos poderosos y datos esenciales para participar informada e inteligentemente en el debate público sobre cómo fortalecer a la familia.

Naturalmente, los primeros que debiesen leer esta importante contribución son los hacedores de políticas públicas, funcionarios de gobierno y parlamentarios de todos los sectores. Los planteamientos, ideas e información que se pueden obtener de El eslabón perdido probablemente llevarán a muchos a repensar dogmas sobre qué es y debiera ser una familia y cómo defenderla. Así también, convencerán a muchos otros de la esencial importancia de diseñar políticas públicas que fortalezcan este núcleo esencial de la sociedad. No por nada,  la mayoría de los individuos soberana y libremente optan por formar familias para darle un mayor sentido a sus propias existencias. Si aquellos que aspiran a dirigir el país—y ganar elecciones—logran diseñar propuestas de políticas públicas a favor de la familia que sean atractivas para todos aquellos que ya han constituido sus propios núcleos (no siempre tradicionales) y que valoran altamente sus familias, el caudal de beneficios electorales no se hará esperar.



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