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El mundo según Pato Navia

 
20061231 Saludos de año nuevo



Saludos cordiales y los mejores deseos para este 2007 a todos mis lectores. Muchas gracias por vuestros comentarios y vuestras visitas a mi blog.  Reviso al menos cada dos días los comentarios y los tengo muy presentes a la hora de escribir.  Que este nuevo año venga lleno de cosas buenas y desafíos atractivos para todos.  Mis saludos.  Pato Navia. patricio.navia@nyu.edu


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20061231 El estado somos nosotros



El estado somos nosotros

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 31, 2006

 

Después de tantos años en el poder resulta inevitable que la Concertación haga uso de los recursos del estado como propios. Las instituciones fiscalizadoras independientes—mucho más que la alternancia en el poder—son el mejor remedio para combatir y sancionar la corrupción. Mientras más se demore La Moneda en fortalecer la institucionalidad fiscalizadora, más profundo estará socavando los cimientos del hasta ahora todopoderoso predominio electoral que ha disfrutado en el Chile post Pinochet.

 

Una regla no escrita de la política es que la corrupción tiende a aumentar mientras más tiempo se mantiene el mismo partido en el poder. El control del ejecutivo familiariza a los partidos con los mecanismos de asignación de recursos del estado. Peor aún, independientemente de las motivaciones iniciales que tuvieran para buscar el poder, el paso del tiempo convierte toda ideología en una tradición y toda misión en una rutina. Aquellos que otrora querían construir la democracia, devienen en funcionarios públicos que saltan de puesto de confianza en puesto de confianza más preocupados de mantener sus cargos que de ver sus viejos ideales convertidos en realidad. Las tentaciones de meter las manos aumentan cuando la oposición—como en Chile—se ve desorganiza y no parece representar una amenaza electoral seria.

 

La historia de las coaliciones que han pasado mucho tiempo en el poder está llena de ejemplos donde la corrupción se convirtió en la principal causa de la derrota electoral. El exitoso gobierno de Felipe González en España terminó siendo derrotado mucho más por los efectos negativos de la corrupción que por las ideas y propuestas del Partido Popular. Por más credibilidad que tuviera el mismo Gónzalez, los electores españoles decidieron que era hora de cambiar de timonel cuando los escándalos de corrupción terminaron por paralizar las iniciativas legislativas de los socialistas. José María Aznar fue el primer derechista después de la muerte de Franco en llegar democráticamente al poder impulsado por un poderoso voto de castigo del electorado español hacia el socialismo.

 

En el pasado, Chile también experimentó el fenómeno de la captura del estado. Los partidos políticos oficialistas se convirtieron en agencias de empleos durante el Frente Popular. Carlos Ibáñez pudo volver al poder gracias al voto de castigo de un electorado que veía al Partido Radical y a sus aliados más interesados en apropiarse de los fondos del estado que en transformar al país. Durante la dictadura, los escándalos de corrupción—que nunca fueron investigados por las características propias de la transición chilena—ocurrieron mucho más hacia fines de los 80 que durante los primeros años. Democracias y dictaduras sucumben a la tentación de meter las manos cuando llevan muchos años en el poder. Era inevitable que tarde o temprano ocurriera lo mismo con la Concertación.

 

A diferencias de las dictaduras, las democracias tienen mecanismos institucionales que permiten vigilar los actos del ejecutivo y sancionar las malas prácticas. Cuando una coalición lleva tantos años en el poder, incluso esas instancias terminan siendo ocupadas por gente más leal a los partidos que a la defensa de los intereses del estado. De ahí que resulta imperativo que las coaliciones, mientras más años lleven en el poder, más se preocupen de fortalecer los mecanismos de fiscalización independientes.

 

Comprensiblemente, la Alianza argumenta que la alternancia en el poder constituye una solución alternativa razonable. Pero sin entes fiscalizadores adecuados, la alternancia en el poder sólo cambiará el color político de los que meten las manos. Para aumentar la probidad hay que construir instituciones de fiscalización modernas y establecer castigos adecuados.

 

La Concertación enfrenta hoy un desafío monumental. Mientras más se demore en actuar decididamente para fortalecer las instituciones de fiscalización existentes y adoptar medidas draconianas a favor de la probidad, más alimentará el creciente descontento de una opinión pública hastiada con los crecientes escándalos de corrupción. Ya que cuenta con apoyo mayoritario en el Congreso, La Moneda debe mostrar liderazgo y tomar el toro por las astas. De lo contrario, el fin de la coalición de gobierno centro-izquierdista también estará asociado a una campaña exitosa de oposición donde el principal mensaje de cambio sea una escoba que prometa barrer con la hojarasca de corrupción.

 



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20061231 La investidura de Andrés Velasco



La investidura de Andrés Velasco

Patricio Navia

Capital #196, diciembre 29, 2006

 

Después de un inicio algo tímido, el titular de Hacienda se comporta hoy con una actitud más segura y decidida. Pareciera que después de haber superado los primeros embates del fuego cruzado de la política concertacionista y de la Alianza, Velasco ya se siente seguro en el cargo.

 

En el mundo académico estadounidense—para el que Velasco se preparó durante su educación en Yale y luego en Columbia—la institución del tenure es una piedra angular. Después de 5-6 años contratados ‘a prueba’ (usualmente en calidad de ‘assistant professors’), los académicos son evaluados por sus pares. Si la evaluación resulta positiva, el profesor sube de ranking (associate professor) y adquiere los beneficios de un puesto académico garantizado en forma vitalicia en esa institución. Diseñado para proteger la independencia intelectual, el tenure también constituye una señal pública de reconocimiento de la calidad de la producción académica. Velasco, que recibió tenure cuando era profesor en el departamento de economía de New York University, goza de la misma condición en la Escuela de Gobierno de Harvard.

 

Si bien el tenure no existe en política—mucho menos en un puesto de gabinete—la actitud de Velasco durante su primer año en Hacienda recuerda la forma en que los académicos enfrentan la estructura de incentivos para conseguir el tenure. Durante los primeros años de su carrera, los profesores buscan construir una sólida base de publicaciones y redes de contacto. Si bien intentan que su producción intelectual sea meritoria, por lo general intentan no ser demasiado rupturistas (especialmente con el trabajo anterior de los colegas que decidirán sobre el tenure). Pero una vez que tienen  tenure, se animan a asumir posiciones más atrevidas e incluso polémicas. En la medida que haya producido un trabajo sólido durante los años que estuvieron a prueba, las contribuciones de un profesor con tenure pueden ser monumentales y profundamente influyentes.

 

La analogía del tenure es útil para entender la evolución del comportamiento de Velasco. Por cierto, él tiene más experiencia en los pasillos de la política que cualquier titular de hacienda desde Foxley. Participó activamente en la campaña de Bachelet durante todo el 2005—y también en la de Lagos en 1999—y su vida entera ha estado íntimamente ligada a la política. Es más, junto a Foxley es el único ministro de Hacienda chileno que había  escrito textos abiertamente políticos antes de asumir. Su experiencia como columnista en La Tercera y Capital también lo expuso a la complicada tarea de ponderar cosas provocativas que decir sin alienar a los poderosos sobre los que se quiere influir. Pero fue en su oficio de académico que Velasco aprendió que para tener influencia y poder, primero hay que hacer bien las tareas, sentar sólidas bases y construir una respetable reputación. Sólo cuando se logran esos objetivos se puede empezar a ejercer más influencia y a quebrar los huevos que se necesiten para hacer tortillas.

 

El comportamiento de Velasco en Hacienda ha seguido un patrón parecido al de un profesor en tenure-track. Después de un inicio temeroso—incluso dubitativo—Velasco comenzó a asumir mayores desafíos, a dar peleas más duras y a meterse en temas más complejos. Durante su primer mes de trabajo, fue criticado por no involucrarse más en el debate sobre la subcontratación laboral. Pero después, él lideró la respuesta económica a las protestas de los estudiantes y apoyó con fuerza a Eduardo Bitrán en la decisión de construir el puente sobre el Canal de Chacao. Velasco también se opuso con firmeza a los que pedían una disminución en el impuesto a la gasolina. Luego impuso su criterio en el aumento del gasto fiscal en la última ley de presupuesto. Incluso terminó por imponer su criterio—convenciendo incluso a la Presidenta—sobre la intensidad y forma de las reformas propuestas para el sistema provisional. Las huellas digitales de Velasco están también en las propuestas que entregó Bachelet para combatir la corrupción y modernizar la actividad política. Como guinda de la torta, Hacienda ahora se ha metido de lleno en el tema de la flexibilidad laboral (promoviendo el seguro de desempleo para reemplazar las ineficientes indemnizaciones por años de servicio). Velasco está en todas. Al menos su nombre y huellas digitales aparecen en las iniciativas más celebradas de La Moneda.

 

Cuando el gobierno se apresta a terminar su primer año en el poder, el comportamiento de menos a más de Velasco en Hacienda puede ser entendido como la tendencia natural del académico a sentar primero las bases para luego comenzar a influir la estructura completa.


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