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El mundo según Pato Navia

 
20070331 Bachelet, Expansiva y CIEPLAN: Ménage à trois



Patricio Navia

Que Pasa, marzo 30, 2007

 

Una de las razones que explican el éxito de la Concertación es la existencia de think tanks (semilleros de ideas) oficialistas que han nutrido de propuestas técnicamente sólidas el ideario de más crecimiento, menos pobreza y más igualdad de oportunidades de la coalición centro izquierdista.

 

Tal vez los dos centros de estudios oficialistas más influyentes desde el retorno a la democracia han sido CIEPLAN a comienzos de los 90 y Expansiva en esta década. Sin esos centros de estudio, la voluntad concertacionista de conducir al país por el sendero de la consolidación democrática no se habría convertido en esta realidad de más democracia, más crecimiento y menos pobreza que ha caracterizado estos 17 años de gobiernos de centro-izquierda en Chile.

 

La llegada de Bachelet al poder alimentó dudas sobre las prioridades que tendría este nuevo gobierno concertacionista. Si bien se hacía evidente poner énfasis en mejorar la mala distribución de oportunidades y de ingresos, las dudas sobre las prioridades de la primera mandataria (red de protección social como en Europa, pero niveles de desarrollo de países tercermundista y tasa de crecimiento mediocre) llevaron a muchos a pensar que se venía un cambio en los énfasis del modelo. Las confusas declaraciones de la Presidenta sobre su concepción del papel del estado en la economía en sus primeros meses—amén del supuesto conflicto entre el estatista titular del Trabajo y el libremercadista Ministro de Hacienda—generaron comprensibles dudas sobre el norte que guiaba a este gobierno.

 

Las dudas quedaron disipadas esta semana. El cambio de gabinete constituyó una victoria incuestionable para el sector liberal de la Concertación, representado por Expansiva y CIEPLAN. Todos los ministros entrantes comparten una férrea defensa del “modelo económico”. Pero en la coalición oficial sigue existiendo un sector abiertamente estatista. La propia Bachelet históricamente se ha sentido identificada con ese sector. Porque la batalla entre las dos almas de la Concertación no ha concluido, los liberales no debieran sentirse seguros con esta victoria.

 

Si bien CIEPLAN puede ser considerado como un ancestro directo de Expansiva, es un error suponer que ambos semilleros de ideas liberales son intercambiables. Mientras la plana mayor del primero quedará inevitablemente ligada a la exitosa transición a la democracia en el gobierno de Aylwin, Expansiva ha tenido una creciente influencia desde la segunda mitad del gobierno de Lagos. Mientras CIEPLAN nació en el seno del PDC, los fundadores de Expansiva se acercaban más al perfil liberal del PPD. Además, CIEPLAN siempre estuvo asociado con su fundador y líder espiritual Alejandro Foxley, mientras que Expansiva era casi sinónimo de Andrés Velasco.

 

Hoy, que Velasco y Foxley comparten ministerios en el gabinete de Bachelet, y que hay al menos otros dos ministros asociados a CIEPLAN y tres más afines a Expansiva, la tentación a que se desate una contienda por la influencia entre estos dos grupos es alta. Sería un error ceder a esa tentación. Expansiva y CIEPLAN tienen muchas más cosas en común que puntos de desunión. Al interior de la Concertación, son aliados naturales. Ambos comparten fortalezas (enorme capacidad técnica) y sufren de las mismas debilidades (insuficiente muñeca política y nula influencia en los partidos).

 

Ahora que han logrado posiciones de privilegio en el gabinete—y han recibido una señal implícita de confianza de Bachelet—los monjes de CIEPLAN y los técnicos Expansivos deben aunar fuerzas para mantenerse en el timón de este gobierno Más que pelearse por la cercanía con Bachelet, deben aceptar, y consolidar, la formación de un triángulo virtuoso—un ménage à trois político—que les permita enterrar de una vez por todas los cuestionamientos al modelo que provienen de la propia Concertación. Si lo hacen bien, éste terminará siendo el gobierno concertacionista donde más influencia han ejercido los liberales.

 

 

 



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20070327 El último cartucho



Patricio Navia

La Tercera, marzo 27, 2007

 

Al realizar su segundo cambio importante de gabinete, Bachelet dispara su último cartucho para salvar su cuatrienio. Y anque no erró el tiro, no es claro que haya apuntado exactamente al corazón de los problemas que afligían a su gobierno. Si este nuevo ajuste no logra ordenar al gabinete, el suyo habrá sido el primer gobierno concertacionista fracasado.

 

En el esperado cambio anunciado ayer, Bachelet demostró pragmatismo al abandonar tanto el dogma de la paridad de género como el veto a las caras repetidas. Además, el nombramiento de Tokman en Energía—y la ratificación de Poniachik en Minería—permitió la consolidación de Andrés Velasco a la cabeza de las políticas económicas. El ingreso de Cortázar también evidencia la victoria de aquellos que quieren trabajar con (no contra) el sector privado para darle a la capital un sistema de transportes digno.

 

Pero la Presidenta parece no estar plenamente consciente de que en este cambio se juega el éxito de su segundo, y más importante, año de gobierno.  Sus principales problemas han sido políticos y ayer dio señales de querer solucionar uno de los dos principales. El reemplazo de Veloso por Viera-Gallo debiera mejorar las relaciones con el legislativo. Pero el ex senador deberá evitar repetir la amarga experiencia de Andrés Zaldívar en el primer gabinete. Viera-Gallo también tiene más práctica en el legislativo que en La Moneda. En tanto sea capaz de demostrar habilidades ejecutivas—el nombramiento del Contralor será su primer desafío—el nuevo titular de SegPres podrá corregir el déficit de manejo político del gobierno. A la vez, Viera-Gallo tendrá que trabajar arduamente para ganarse el apoyo de su propio partido. Hace dos años, el PS votó contra su intento de re-elección senatorial. Si no logra negociar con los barones socialistas, Viera-Gallo será incapaz de restablecer las buenas relaciones del gobierno con los partidos de la Concertación.

 

La decisión de Bachelet de mantener a Lagos Weber garantiza que se mantendrán los problemas a la hora de lidiar con el legado del gobierno anterior. Porque el vocero comparte lealtades con Bachelet y Lagos Escobar, este gobierno seguirá incapacitado para separar aguas de su predecesor. Bachelet espera que su hábil y dinámico titular de Transportes solucione problemas, pero Cortázar no trepidará en asignar responsabilidades al gobierno anterior. Pronto resurgirán las viejas tensiones entre Cortázar y el laguismo, y Lagos Weber se verá en la imposible tarea de conciliar sus lealtades cruzadas.

 

Adicionalmente, el ingreso de Viera Gallo, uno de los hombres más simbólicos del MAPU, también relanza la carrera presidencial de 2009. Mientras en vocería se mantiene el hijo del ex Presidente Lagos, en Presidencia ingresa el mejor amigo de José Miguel Insulza. Además de inducir a la formación de dos tendencias alineadas en torno a los presidenciables PS-PPD, la ausencia de un alvearista en La Moneda tensionará aún más la relación con el PDC. Ninguno de los nuevos ministros tiene llegada presta con las facciones que hoy pelean por el poder en la DC. Ya que la llegada de Viera-Gallo debiera limitar aún más el rol de Belisario Velasco a cuestiones de seguridad, la DC se sentirá marginada del círculo de poder. Viera-Gallo tendrá que ser capaz de construir puentes y dar garantías a todos.

 

Bachelet no hizo una cirugía tan profunda como ameritaba la situación. Ahora, la suerte de su gobierno está en manos de la habilidad que pueda demostrar Viera-Gallo para darle un sustento político a este gabinete donde Andrés Velasco y su cuadrilla de hábiles técnicos consolidan poder. Bachelet disparó su último cartucho.



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20070325 Las visiones opuestas de la presidenta y su canciller



 

Patricio Navia

La Tercera, marzo 25, 2007

                             

Un análisis sobre los aciertos y errores de las relaciones internacionales en el primer año de gobierno deja en evidencia que la Presidenta Michelle Bachelet y su canciller Alejandro Foxley tienen visiones y prioridades distintas—aunque no necesariamente irreconciliables—sobre el lugar de Chile en el mundo y en América Latina. A menos que ambos aúnen esfuerzos y voluntades, los éxitos se verán minimizados por las discrepancias internas. Los errores producto de estrategias divergentes seguirán produciendo costos innecesariamente altos para Chile. Peor aún, el capital político internacional del gobierno se disipará si persiste la percepción generalizada que la Presidenta y su Canciller bogan en distinta dirección en política internacional.

 

En recientes conversaciones con expertos chilenos y extranjeros (incluidos embajadores y funcionarios de la Chancillería), encontré un consenso entre partidarios y adversarios sobre las fortalezas de Bachelet. La Presidenta llegó al poder con un enorme capital político internacional, convencida de la necesidad de estrechar lazos con nuestros vecinos y con un pragmatismo que le permite poner los intereses de estado por sobre sus preferencias políticas.

 

Pero sorpresivamente, Bachelet nombró a un Canciller cuyas fortalezas no eran conducentes a potenciar esas prioridades. Mientras Bachelet quiere más integración con América Latina, Foxley siente una inclinación ideológica hacia países que privilegian políticas de libre mercado. Felizmente para ambos, hay países en América latina que comparten nuestro compromiso con la globalización. Por eso, las prioridades de ambos convergen rápidamente en México, Colombia y, en menor grado Brasil. Después de la elección de Alan García, Perú también satisface las condiciones latinoamericanista de Bachelet y libremercadista de Foxley. Al momento de potenciar la relación con Lima—más allá de la desprolija forma de apagar un potencial incendio diplomático con la parafina de la censura en TVN—o de fortalecer lazos con México, Bachelet y Foxley hablan el mismo idioma.

 

Pero a la hora de decidir el apoyo a Venezuela en el Consejo de Seguridad de la ONU o cuando la Presidenta insiste en viajar a todas las cumbres en América Latina, Foxley y Bachelet tienen prioridades contrapuestas. A Foxley le molestan las “irresponsabilidades, la improvisación y el populismo” en la región, como me dijo uno de sus embajadores. Para él es más cómodo lidiar con países que comparten la convicción sobre las ventajas y fortalezas del modelo económico chileno (del que Foxley fue uno de los artífices en democracia.) Pero Bachelet entiende, con una visión pragmática de estado, que Chile debe asumir el desafío de abrirse hacia el mundo desde América latina y abrir a la región hacia el mundo, desde Colombia a Venezuela, desde México a Cuba.

 

Por eso, la Presidenta no sólo le sonríe sino que también se abraza con Hugo Chávez e incluso estaba dispuesta a pagar el costo político que implicaba votar por el locuaz líder venezolano para el Consejo de Seguridad de la ONU.  La diatriba de Chávez contra Bush en la propia ONU terminó de disuadir a Bachelet, me confidenció uno de sus asesores. Pero el costo político de abstenerse—y de quedar casi como un inútil mediador entre los dos polos que se formaron en la región—terminó dañando la visión pragmática que privilegia Chile. “No hay que confundir liderazgo con protagonismo”, me dijo un experimentado embajador, “Chile hizo lo correcto al no tomar partido en la disputa entre Chávez y Bush. Pero no debimos haber esperado tanto para anunciar nuestra abstención.”

 

El affaire “voto en la ONU” reflejó cómo las agendas latinoamericanista y libremercadista pueden pasar de complementarias (Perú) a diametralmente opuestas (Venezuela.) Para evitar esas tensiones, Foxley se la jugó por la creación de un eje pacífico que incluyera a Colombia, Perú y, potencialmente, México. Pero ya que inevitablemente sería visto como en oposición al eje atlántico-Mercosur de Chávez, Kirchner y Lula, esa iniciativa no recibió el apoyo de la Presidenta. Por eso ahora, Foxley ha decidido jugarse literalmente el puesto en mejorar las relaciones con Perú. De ahí que su ansiedad lo llevara a actuar apresurada y en forma excesivamente protagónica en el affaire “Epopeya-TVN-Censura.” Si la relación con Perú se debilita o se estanca, las agendas de la Presidenta y la de su Canciller ya no tendrán ningún punto de encuentro.

 

Nuestra política exterior se beneficiaría mucho más si Bachelet y Foxley concuerdan una agenda que incorpore la preocupación de la Presidenta por la región y el interés de Foxley por promover el modelo. De lo contrario, abundarán los potenciales conflictos y los errores no forzados. La reciente tensión producida por los equívocos sobre la frontera norte en la ley de la Región de Arica y la intervención de Foxley ante TVN para no mostrar el documental sobre la Guerra del Pacífico subrayan lo frágil del consenso entre las agendas de Foxley y Bachelet.

 

Hasta ahora, Foxley ha logrado convencer a la Presidenta en momentos clave. Pero Bachelet mantiene la prerrogativa de decidir las prioridades de política exterior. Por eso, aunque Foxley ha optado por no asistir a algunas cumbres de líderes sudamericanos (especialmente cuando están Chávez o Kirchner) e incluso se opuso al próximo viaje de Bachelet a Venezuela, la Presidenta no está dispuesta a ceder en su intento por mejorar las relaciones con los países vecinos.

 

A menos que la Presidenta y el Canciller solucionen sus diferencias, el enorme capital político de ambos en el mundo será desperdiciado y Chile terminará enviando señales confusas tanto a los países de América latina como a las naciones que comparten nuestra adscripción al modelo y que razonablemente esperan que Chile asuma un liderazgo pragmático e incluyente en la promoción del libre mercado en América latina. 

 



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