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El mundo según Pato Navia

 
20070429 La discrecionalidad en la gran familia concertacionista



Patricio Navia

La Tercera, abril 29, 2007

 

La reciente revelación de una lista de 162 beneficiados con la Beca Presidente de la República que mantuvieron sus sueldos en Chile mientras realizaban estudios en el extranjero subraya lo dañino que resulta la falta de transparencia y el exceso de discrecionalidad en el uso de los recursos públicos. Mientras más se destapa información sobre la falta de reglas claras y parejas para todos que históricamente caracterizó a la beca, más evidente se hace la necesidad de transparentar profundamente el acceso a la información pública y más necesario se hace establecer mecanismos que garanticen la igualdad de oportunidades para el perfeccionamiento profesional.

 

De los 948 becarios entre 2000 y 2006, 162 mantuvieron sus sueldos en las reparticiones públicas donde trabajaban. La información, entregada en un oficio de Mideplan a la Cámara de Diputados detalla los nombres de los beneficiarios, el área de sus estudios, el país donde fueron a especializarse y la repartición pública que les mantuvo el suelo. Ya que el documento no incluye los nombres y afiliación pública de aquellos becarios que no mantuvieron su sueldo, resulta imposible saber si existió favoritismo político o nepotismo en la entrega de estos privilegios.

 

Pero si sabemos que sólo uno de cada seis becarios mantuvo su sueldo. Ya que la “manutención de remuneraciones es una atribución exclusiva de la autoridad universitaria o pública”, no hay nada ilegal en añadir a la insuficiente suma de $700 dólares mensuales que otorga la beca la totalidad o una parcialidad de sus sueldos. Pero como tampoco existen criterios establecidos en el sector público que permitan reglas claras para acceder a este beneficio, la decisión literalmente queda en manos del jefe de turno. 

 

Por cierto, es perfectamente comprensible que una repartición pública quiera que el funcionario que sale a especializarse regrese a la misma repartición después de terminar sus estudios. Tendría sentido entonces establecer incentivos para mantener la relación contractual con el funcionario. Pero la evidencia anecdótica permite concluir que, en varios casos, las reparticiones públicas mantuvieron el sueldo sin que mediara un acuerdo de por medio para que el funcionario se comprometiera a volver. En esos casos, la mantención de sueldo parece estar más relacionada con un premio al desempeño anterior que con el compromiso de volver a trabajar al mismo lugar. Un caso a estas alturas emblemático es el del recién renunciado Superintendente de Valores y Seguro. Alberto Etchegaray mantuvo su sueldo en el Ministerio Secretaria General de la Presidencia cuando salió a estudiar. Pocos meses después de haber vuelto al país, dejó esa dependencia para irse a la campaña presidencial de Bachelet. Resulta difícil entender el criterio de eficiencia y utilización adecuada de los recursos públicos cuando una repartición mantiene el sueldo a personas que, al terminar sus estudios, no tienen obligación de devolver la inversión con su trabajo.  

 

La discrecionalidad en la utilización de los recursos públicos abre las puertas para el uso clientelista, el amiguismo y el nepotismo. El país ha avanzado mucho en combatir la corrupción, pero evidentemente queda mucho por hacer. En meses recientes se ha acumulado suficiente evidencia de que la discrecionalidad atrae la corrupción, el nepotismo y el amiguismo. Desde el escándalo de Chiledeportes hasta la contratación sin mediar concurso público de familiares de autoridades (incluidos el hijo de la Presidenta y el hijo del Canciller), la corrupción y el nepotismo inevitablemente aparecen asociados a la falta de transparencia y a la excesiva discrecionalidad.

 

Lamentablemente, aquellos que tienen lazos familiares con autoridades y reciben beneficios se hacen inmediatamente sospechosos de ser privilegiados por sus pitutos y contactos. Ellos serían los más beneficiados con una mayor transparencia y una menor discrecionalidad. La nuera del ex Ministro Insulza, Claudia Hernández, es una de las dos funcionarias del Ministerio del Interior que mantuvo su sueldo cuando salió a estudiar el año 2005 con la Beca Presidente de la República. Nadie puede sorprenderse que se sospeche de trato privilegiado para un pariente de la autoridad. La ausencia de reglas claras y transparentes alimenta las dudas sobre la probidad en el sector público y hace imposible diferenciar los capaces de los apitutados. 

 

Después de 17 años en el poder, la Concertación no puede seguir intentando acallar los cuestionamientos a su desempeño y sus errores con el argumento de que en dictadura las cosas eran peores. Además de sonar como disco rallado, esa excusa no se hace cargo de que la coalición centro-izquierdista ya ha estado en el poder más tiempo de lo que gobernó el propio Pinochet.

 

El gobierno de Bachelet tampoco se debe hacer cargo de los errores de las administraciones anteriores. En vez de impulsar defensas corporativas de malas prácticas, el gobierno debiera marcar una diferencia cualitativa a huella a favor de la probidad y la transparencia. En vez de entregar oficios con información incompleta entre gallos y medianoche, el gobierno debe impulsar el Chile Transparente donde más duele, en las decisiones de gasto discrecional que hasta ahora han estado caracterizadas por la opacidad.

 

Las iniciativas a favor de la modernización del estado a menudo han sido impulsadas por escándalos de corrupción. Un gobierno que prometió anticiparse a los problemas y salir a dar la cara, no puede aceptar ser asociado con la poca transparencia que ha rodeado la investigación sobre la forma en que se entregaron las Becas Presidente de la República en las administraciones anteriores.  Pero es todavía más preocupante la tendencia a privilegiar la opacidad sobre el fácil acceso de las personas a la información pública.

 

Tanto el gobierno que evita hacer pública la evidencia en el uso discrecional de muchos recursos fiscales hasta el parlamento que demanda transparencia en el gobierno pero que se niega a informar sobre las comunes prácticas de nepotismo en la contratación de funcionarios y asesores en el propio Congreso, la causa a favor de la transparencia necesita desesperadamente sumar nuevos aliados al interior del sector público.



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20070428 Si las elecciones fueran este domingo



Patricio Navia

La Tercera, abril 28, 2007

 

El primer lugar de Sebastián Piñera en la encuesta de La Tercera refleja tanto las cosas que él ha hecho bien como los errores de la Concertación. Pero además de constituir un llamado de alerta para la coalición oficial, estos datos también se convertirán en un llamado a que la Concertación adopte la política de “todos contra Piñera.”

 

Cuando se hace la pregunta pidiendo mención espontánea o cuando se entrega una lista de presidenciables, Piñera tiene la primera mayoría relativa en las encuestas. Su ventaja es superior entre hombres que entre mujeres. Después de 17 años de gobierno concertacionista, las mujeres siguen siendo más adversas al cambio y por lo tanto tienen menos predisposición a votar por un candidato de oposición. El mensaje de “yo o el caos” que antes utilizó Pinochet crecientemente será articulado por los voceros oficiales.

 

Es cierto que Piñera obtiene igual porcentaje de preferencias que la suma de los presidenciables concertacionistas, pero así como Piñera no pudo sumar toda la votación de Lavín en 2005, resulta difícil que el candidato de la Concertación vaya a sumar toda la intención de voto que hoy reciben los aspirantes de su coalición. Naturalmente, resulta importante conocer los resultados de lo que ocurriría en caso de una enfrentamiento entre Piñera e Insulza, Alvear y Lagos por separado. Solo ahí podremos saber qué tan disciplinada es la votación Concertación.

 

Igual que Lavín después de 2000, Piñera tiene que luchar contra el síndrome del agotamiento temprano. Si bien faltan sólo 30 meses para la próxima elección presidencial, hay demasiados piedras en el camino que amenazan con desestabilizar a Piñera. La excesiva presencia mediática del empresario (que opina de política, pilotea helicópteros, bucea, realiza actividades empresariales, regaña a alcaldes que no se expresan bien de la presidenta y sabe las respuestas a todas las preguntas) hace altamente probable que Piñera eventualmente diga cosas inapropiadas y que la gente se sature con su locuaz presencia.

 

Las discrepancias al interior de la Alianza subrayan continuamente que sus dos partidos están más preocupados de sus propios intereses que del país. Además, Piñera tendrá problemas para convencer al electorado que es confiable si aquellos que lo conocen bien, sus aliados de RN y la UDI, siempre alimentan dudas sobre su carácter. Peor aún, en la medida que Piñera se distancie de la Alianza—en vez de liderar a su coalición a que tome posiciones más moderadas—las dudas sobre su liderazgo arreciarán. Como la Concertación ya tiene experiencia destruyendo la imagen pública de candidatos, Piñera debe estar preparado para un ataque frontal de las huestes oficiales que defenderán el control que han ejercido sobre el estado con dientes y muelas.



Enviado por patonavia
 
 
20070425 La renuncia de Etchegaray



Patricio Navia

La Tercera, abril 25, 2007

 

La renuncia de Alberto Etchegaray confirma la conocida regla que en política siempre resulta más costoso intentar encubrir una falta que la falta misma. La salida del Superintendente de Valores y Seguros (SVS) se produce en el peor momento para su jefe. Porque el titular de Hacienda erróneamente intentó rescatar a un funcionario de confianza que se auto-infligió una profunda herida, la salida de Etchegaray también tendrá costos para Andrés Velasco y para todo el gobierno.

 

Si bien el propio Etchegaray (antes de producirse el escándalo) había enmendado el error de atribuirse un título profesional que no poseía, las delicadas obligaciones que implica la SVS hacían casi imposible que pudiera seguir con legitimidad y autoridad en el cargo. Las dudas sobre el criterio de Etchegaray no se hicieron esperar.  Aunque resulta difícil entender que alguien con su educación se atribuya un título profesional que no posee, todas las personas pueden cometer errores. Pero cuando el error lo comete el encargado de supervigilar el cumplimento de estrictos reglamentos de probidad en un delicado sector financiero, la crisis de autoridad se hace patente.

 

Es inverosímil creer que el gobierno desconocía estas consideraciones cuando salió a gastar su propio capital político en la defensa de Etchegaray. Especialmente dado el precedente del escándalo producido por la renuncia de una Subsecretaria de Deportes que falsamente alegó tener un título universitario.  Ya que el gobierno dijo no sentirse traicionado por esa primera mentira, las sospechas sobre el valor que la atribuye La Moneda a que sus funcionarios digan la verdad ya estaba en entredicho. No tenía sentido respaldar a Etchegaray cuando era evidente que, en el mejor de los casos, permanecería en la SVS con poco poder y escaza legitimidad. Ahora el gobierno tendrá que asumir costos mayores que si hubiera pedido la renuncia de Etchegaray cuando estalló el escándalo.

 

El momento escogido para renunciar fue inoportuno. Una semana después que Andrés Velasco recibiera un duro golpe en el Senado, esta renuncia suma otra factura a la debilitada cuenta de su capital político. A menos que la renuncia haya ocurrido para evitar un escándalo mayor en el futuro, la decisión de Etchegaray refleja un pésimo timing.

 

El gobierno puede aprender al menos tres lecciones de esta amargo trago. Primero, debe demostrar tolerancia cero con aquel que falsee su currículum. Independientemente de lazos familiares, historia personal o capacidad de gestión, el compromiso con la probidad debe ser el sello del gobierno de Bachelet. Segundo, La Moneda debe entender que es siempre más conveniente asumir los costos antes que se acumulen cuentas demasiado altas. De nada sirve dar peleas donde hay pocas posibilidades de ganar y donde sólo se logran victorias pírricas. Tercero, hay que aprender a manejar los tiempos. Los errores no forzados le están costando caro al gobierno. De poco sirve seguir llenando la agenda de escándalos que desvían la atención de los correctos objetivos y acertadas iniciativas en pro del crecimiento y del diálogo político que ha venido impulsando La Moneda en semanas recientes.



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