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Todos contra el neoliberalismo
Wednesday August 29, 2007
Todos contra el neoliberalismo
Patricio Navia
La Tercera, agosto 29, 2007
De todos los sospechosos que podrían haber apoyado el paro de hoy, el PS es el menos autorizado moralmente para darle un espaldarazo a una protesta contra el gobierno de Bachelet.
Ningún político quiere identificarse con el neoliberalismo. Después de 17 años de gobierno, la Concertación nunca ha reconocido su paternidad adoptiva sobre el modelo. Aunque tiene rostro humano y cambió de nombre a economía social de mercado, sus críticos correctamente señalan que Chile tiene una economía neoliberal. La Concertación lo usa para gobernar pero gana elecciones criticándolo. La Alianza espera que el electorado desaloje a la Concertación para llegar al poder a administrar el modelo.
Aunque Bachelet nombró un gabinete económico neoliberal (con rostro humano), no pierde oportunidad para criticar el modelo. Esa actitud es consistente con la decisión del PS de sumarse a las manifestaciones. Los socialistas protestan contra el modelo que ellos mismos han defendido—implícitamente, por conveniencia y por omisión. Tenemos un modelo neoliberal porque la Concertación ha optado por mantenerlo. Eso le ha hecho bien al país. Por eso, además, la Concertación sigue ganando elecciones.
Pero porque las críticas al neoliberalismo son crecientemente populares, el PS se suma. ¿Hay algo mejor que ser gobierno y oposición a la vez? Al sumarse a la manifestación, el PS se tiñe de populismo. No son los primeros. La Alianza inauguró esa práctica con Lavín. El PDC lo intenta sin éxito. Todos nuestros partidos políticos se han convertido al populismo.
Afortunadamente, el modelo neoliberal sigue firme. Mejorado por la Concertación, el modelo le ha dado a Chile sus mejores dos décadas de desarrollo. Tal vez al criticarlo, el PS podrá seguir en el poder (administrando el modelo.) Pero en la pendiente resbaladiza del populismo, los primeros en caer son los partidos políticos y los líderes que no se atreven a defender sus propias políticas.
Enviado por patonavia
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Mapu-Martínez Recargado
Monday August 27, 2007
Patricio Navia
La Tercera, agosto 26, 2007
Aunque ambos aspiran a la candidatura presidencial de la Concertación, José Miguel Insulza y Soledad Alvear tienen incentivos para cooperar durante los próximos meses. Ambos representan lo más conspicuo de la trenza política del MAPU-Martínez. Su futuro depende de que Lagos no aspire a repetirse el plato. Por eso, ambos optimizarán sus chances si en los próximos meses actúan más como aliados que como rivales.
De todos los políticos que se iniciaron en el mítico MAPU, Insulza es el más talentoso y exitoso. Frei lo nombró subsecretario de relaciones exteriores en 1994. Para 1999, Insulza ya era el ministro más poderoso. Se hizo cargo del arresto de Pinochet y de la elección presidencial de 1999. Lo hizo tan bien que Lagos lo nombró Ministro del Interior. Aunque fue presidenciable, la popularidad de Bachelet y sus propias cavilaciones lo frenaron. Su elección a la OEA fue un buen premio de consuelo. La comodidad de ese pomposo puesto bien pudiera disuadirlo otra vez. Pero su visita a Chile evidencia su interés. Es la mejor carta del PS.
Por años, Alvear ha sido una de las políticas mejor evaluadas. Después de Sernam, Justicia y Cancillería, intentó ser candidata presidencial. El sabotaje de sus adversarios en la DC y la enorme popularidad de Bachelet la obligaron a renunciar antes de las primarias de 2005. Como senadora y presidenta de la DC, Alvear ha vuelto a enfrentar las divisiones al interior de su indisciplinado partido. Las encuestas le siguen dando buenas opciones. Mejor aún, le ayuda la percepción de que el próximo presidente debe ser alguien moderado y capaz de construir consensos. Pero el ser mujer y haber fallado en su primer intento por cautivar al electorado despiertan dudas sobre sus opciones.
Como ambos aspiran a lo mismo, sería obvio que se miraran con recelo. Además, uno es el abanderado del PS y la otra es la mejor carta del PDC. Pero a Insulza y Alvear los une la cercanía con la principal alianza transversal que ha tenido la Concertación. El llamado Mapu-Martínez ha sido el puente informal entre los sectores más poderosos del PS y del PDC que dieron sustento a los primeros tres gobiernos concertacionistas. Formado por PS católicos y por DC cercanos al esposo de Alvear, el Mapu-Martínez unió al centro y a la izquierda concertacionista. Con su promesa de que nadie se repetía el plato, Bachelet trajo caras nuevas. Pero los problemas de gestión obligaron a Bachelet a recurrir al Mapu-Martínez en su segundo cambio de gabinete al nombrar a Viera-Gallo y a algunos asesores en el segundo piso.
Ya que la vida útil de este gobierno, como alguna advirtiera la propia Bachelet, llegará a su fin cuando se inicie la contienda municipal de 2008, el Mapu-Martínez debe pensar en la mejor forma de mantener y aumentar su poder después de las presidenciales de 2009. Si bien el Presidente Lagos los incorporó en su gobierno, la posibilidad de llegar a La Moneda con un triunfo de Alvear o Insulza es mucho más seductora. La cercanía histórica entre Gutemberg Martínez, el esposo de Alvear y hombre fuerteDC, e Insulza nunca fue más conveniente. Si Insulza y Alvear logran un acuerdo tácito para potenciarse mutuamente, debilitarán las opciones presidenciables del indeciso Lagos. De subir Insulza o Alvear en las encuestas, Lagos probablemente ceda con gusto la opción presidencial. Si colaboran, Insulza y Alvear pueden subir juntos.
Al hablar de futuro y poner el tema del recambio en la agenda, ambos podrán inducir constructivamente a Lagos a declinar su opción. Mejor aún, en el proceso, no dañarán las chances de la Concertación de retener el poder. Es verdad que, al final, sólo uno podrá ser el candidato. Pero en tanto ambos se potencien mutuamente, las opciones de Lagos disminuirán, se debilitará la amenaza de un quiebre en la Concertación y aumentará la posibilidad que el Mapu-Martínez se asiente en La Moneda con más poder que en los cuatro gobiernos concertacionistas anteriores.
Enviado por patonavia
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¿Quién quiere sufragio universal?
Friday August 24, 2007
Patricio Navia
Capital, #211, agosto 24, 2007
De no mediar una reforma al sistema de inscripción electoral, las presidenciales de 2009 tendrán la participación más baja de los últimos 50 años. Por eso, independientemente del debate sobre la obligatoriedad del voto, el Estado debería automatizar el sistema de inscripción o al menos modernizarlo.
Desde comienzos del siglo XX, la participación electoral aumentó sostenidamente en Chile. Para la elección presidencial de 1920, participó un 9,1% de la población en edad de votar (PEV). En 1942 ya votó un 17,4%. Después de que las mujeres adquirieron el derecho a voto en 1949, la participación alcanzó a un 29,1% en las presidenciales de 1952. Para la elección de Alessandri en 1958, llegó al 33,8%. La contienda presidencial de 1964 atrajo a un 61,6% de la PEV. En la presidencial de 1970, participó un 56,2%. Y en las parlamentarias de marzo de 1973, un 69,1%. Después que el plebiscito de 1988 convocara a un 90% de la PEV, la participación electoral ha mostrado una tendencia sostenida a la baja. Si bien la participación sigue siendo alta respecto al padrón (88% en las presidenciales de 2005), muchos chilenos no están inscritos en el padrón.
El número de inscritos se ha mantenido estable desde el retorno de la democracia. En 1993, había poco más de 8 millones de empadronados. Ya que había una PEV de 9 millones, el padrón incorporaba al 90% de la población con derecho a voto. En 2005, había 8,2 millones de inscritos y una PEV de 10,6 millones, por lo que el padrón incorporaba sólo al 77% del universo. Lo más probable es que pocos chilenos se inscriban para votar entre ahora y 2009, por lo que el padrón electoral probablemente sólo llegue a unos 8,5 millones de electores. Pero, de acuerdo a las estimaciones del INE, habrá 12,1 millones de chilenos mayores de 18 años en 2010. Esto quiere decir que, para el bicentenario, uno de cada tres chilenos en edad de votar no estará inscrito en el padrón.
Si adicionalmente consideramos que la abstención alcanza a poco más de 10% de los inscritos y que un 7% de los que participan anulan o dejan su voto en blanco, podemos anticipar que aproximadamente un 40% de todos los chilenos en edad de votar se habrá marginado de los próximos comicios. Ya sea porque no se inscriben, porque estando inscritos no votan o porque anulan o dejan en blanco su voto, dos de cada cinco chilenos no votará en 2009. Quienquiera gane, habrá llegado a La Moneda con el apoyo de un 25-30% de la población en edad de votar.
Chile tiene un peculiar padrón electoral. La votación es obligatoria para los inscritos. Pero inscribirse es opcional (y cuando uno se inscribe, ya no se puede salir más). Como la mayoría de aquellos en edad de votar en 1988 se inscribieron, casi todos los mayores de 40 años estarán inscritos en 2009. Los que cumplieron 18 después del plebiscito tienen tasas de inscripción mucho más bajas. Una mayoría de ellos no está empadronada. Para poder inscribirse, hay que viajar, literalmente, al siglo XIX. El mal financiado Servicio Electoral no posee ni la tecnología ni la facultad legal para modernizarse. Es mucho más difícil inscribirse para votar que hacer la declaración de impuestos. Como si eso fuera poco, el padrón se cierra 90 días antes de la elección. Cuando la gente recién empieza a poner atención a las campañas, ya no hay posibilidad de inscribirse.
La Concertación sabe que este padrón truncado les beneficia. Mientras el grueso del electorado todavía esté marcado por el plebiscito de 1988, la Concertación podrá seguir gozando de supremacía electoral. Por eso, cada vez que alguien sugiere actualizar el sistema de inscripción, los concertacionistas transforman una propuesta de modernización del Estado en un debate moral sobre la obligatoriedad del voto. Incomprensiblemente, la Alianza tampoco parece interesada en contribuir a dejar atrás el efecto plebiscito de Pinochet. Si bien la Alianza hace grandes esfuerzos por renovarse, el mercado de votos donde no tiene desventaja frente a la Concertación no es parte del universo electoral. La mayoría de los menores de 35 años, mucho menos marcados por el complejo legado de la dictadura, presumiblemente estarían más dispuestos a votar por la Alianza. Pero ni siquiera están inscritos.
Nada de esto es nuevo. En noviembre de 2002 en una columna en Capital alegué que uno de cada cinco chilenos no estaba inscrito. Hoy es uno de cada tres. Mientras seguimos enfrascados en debates teóricos sobre la obligatoriedad del voto, se debilita el sufragio universal y, por consiguiente, se erosiona la principal base de la democracia representativa.
Enviado por patonavia
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