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El mundo según Pato Navia

 
20080829 Obama, el sueño americano y el sueño chileno



Rara vez uno tiene la oportunidad de presenciar momentos históricos. La percepción de los 80 mil asistentes al discurso de aceptación de Obama en Denver, de los millones de estadounidenses que siguieron el discurso desde sus casas por televisión y los millones que alrededor del mundo siguieron el evento era que estaban siendo testigos de un momento histórico: el primer negro nominado a la presidencia por uno de los dos grandes partidos estadounidenses.

Pero Obama hábilmente, reconociendo lo histórico de la ocasión y a sabiendas que su discurso bien pudiera convertirse en un referente para muchas generaciones futuras, dio vuelta el tablero. "Esta elección no es sobre mi. Es sobre ustedes."  El político negro se convirtio en politico nacional. El hombre cuya historia y cuyo discurso han inspirado a millones nos recordó que detrás está la gente.  El hombre cuya historia representa una reafirmación del sueño americano--sueño tan vilipendeado pero tan inspirador, tan estereotipado pero tan exitosamente repetido, tan difícil de lograr pero tan real para millones de personas--nos recordó que la historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Como en una bien ejecutada sinfonía, Obama mezcló dulzura y firmeza, resolución y determinación, compasión y certeros golpes políticos. Al ironizar sobre las acusaciones republicanas respecto a su condición de estrella de la farándula, Obama nos recordó sus orígenes y los orígenes de su familia.  Yo, que me dedico a estudiar esto y que he escuchado demasiado discursos en la vida como para no entender su estructura y no saber que son herramientas políticas, fui seducido por esa invitación a soñar un país y un mundo mejor, por ese llamado a asumir la responsabilidad histórica a que nos enfrentamos como país. Yo, que estuve con Hillary en las primarias, nunca me sentí tan parte de esta nación y tan partícipe del sueño americano. Nunca sentí tanta responsabilidad de dar testimonio de la realidad del sueño americano.

Cuando Obama hablaba de su familia, pensé en mi familia. En mis padres, que hace 21 años se sumaron al sueño americano y emigraron con nosotros, sus cuatro hijos, a Chicago desde un Chile que entonces era un país de enemigos con muy pocas oportunidades para aquellos que no estaban bien conectados. Cuando Obama dijo que llegó a Chicago en un auto cargando todas las pertenencias que entonces tenía al graduarse de Harvard, sentí que su sueño era mi sueño. Y que era el sueño americano.

Cuando Obama hablaba, pensé en mi padre y en mi madre que recién llegados a Chicago y sin saber inglés salían a trabajar todas las mañanas con el entusiasmo de saber que se puede empezar una nueva vida y que si se trabaja arduamente, se abrirán las oportunidades. Cuando Obama hablaba de la educación, pensé en mi hermano chico Benjamín, que todas las mañanas iba conmigo a tomar el bus amarillo que nos llevaba al high school y en su cara de sorpresa, susto y risa, cuando nuestros compañeros de bus dejaban en claro las diferencias culturales y sociales. Cuando Obama habló de la familia, pensé en mis cinco sobrinos, nacidos todos en Estados Unidos. Sus historias no son tan distintas a la de Obama. Cualquiera podría llegar a presidente de Estados Unidos. Pero mejor aún, todos podrán gozar del derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

La campaña va a ser dura y difícil. Las dudas, los temores y las descalificaciones abundarán. Pero lo que hizo Obama el jueves por la noche en Denver fue inspirador, constituyó una reafirmación del sueño americano y un compromiso con el mundo y con futuras generaciones de estadounidenses a mantener y fortalecer ese sueño de oportunidades, de igualdad de derechos y de valores democráticos.

Sólo en Estados Unidos un hombre nacido en las condiciones de Obama puede llegar democráticamente a la presidencia. El sueño americano, de inclusión social y oportunidades--debilitado en años recientes, insuficientemente amplio y marcado por la discriminación y el racismo--es una causa a defender y un objetivo por el que vale la pena luchar.

Aquellos que, además se sentirnos profundamente partícipes y beneficiaron de este sueño americano, también somos parte de otros países y otras sociedades, podemos ver en Obama una causa de inspiracion. En Chile nos merecemos líderes como Obama, que entiendan que las elecciones son sobre la gente y no sobre ellos mismos. En Chile nos merecemos un sueño chileno de igualdad de oportunidades, derechos y también responsabilidades individuales y colectivas. Los chilenos merecemos un país de oportunidades donde todos tengan igual acceso a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

El inspirador discurso de Obama confirmó mi profunda y orgullosa pertenencia a esta sociedad americana. Pero también reafirmó mi compromiso con mi otra sociedad, la de Chile, donde el sueño nacional está todavía por construir y donde la igualdad de oportunidades sigue siendo un ideal lejano pero también posible.

En estos últimos años, en Chile hemos avanzado mucho. Somos como el pueblo de Israel que, habiendo cruzado el desierto, está acampando frente a la tierra prometida, donde fluye leche y miel. Muchos han logrado cruzar, algunos temporalmente, y saben que fluye leche y miel.  Pero así como Moisés, el líder que sacó al pueblo de Egipto, no fue capaz de cruzar el río Jordán hasta la tierra prometida, nuestros líderes actuales parecen incapaces de entender y asumir el desafío. Necesitamos un sueño de país, un líder que de la señal para marchar, todos juntos, a construir un país de más derechos, más libertad, más oportunidades. Una sociedad donde todos puedan individual y colectivamente buscar la felicidad.

Pato Navia

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Aquí el discurso de Obama en youtube y el texto tomado de la página del candidato





Enviado por patonavia
 
 
20080825 Por qué Biden es una mala opción para Obama



Patricio Navia

Agosto 25, 2008

Exclusivo para www.referente.cl

 

Al nominar al Senador Joe Biden como compañero de fórmula, el candidato presidencial demócrata Barack Obama ha cometido un error estratégico. Además de sumar poco a la candidatura de Obama, Biden puede ser motivo de polémica y su personalidad puede alimentar acusaciones sobre el elitismo de los demócratas y su incapacidad para entender al estadounidense medio.

 

Joseph Biden, nacido en 1942, ha sido senador por el pequeño, y siempre demócrata, estado de Delaware desde 1972. A punto de completar su sexto periodo en el Senado, Biden ha sido miembro, y presidente, de las comisiones de justicia (que interroga a los nominados a la Corte Suprema) y relaciones exteriores. Viejo conocido del capitolio, hay sólo cinco senadores actualmente en el Congreso que llevan más tiempo en Washington. Católico y con orígenes de clase media, su padre era vendedor de autos usados en Pennsylvania. Cuando el negocio quebró, el señor Biden trasladó a su familia a Delaware. Joe se graduó de la universidad local y luego obtuvo el título de abogado en la Universidad de Syracuse. Su meteórica carrera política se inició con una sorpresiva victoria al Senado representando a Delaware, un estado del noreste con 900 mil habitantes (y un solo escaño en la Cámara de Representantes).

 

Después de 36 años en el Senado, Biden difícilmente puede reclamar una adscripción de clase media. Su estilo pomposo y arrogante lo hacen ver más como miembro de la clase dominante que como un genuino representante del americano medio. De hecho, Biden, que ya buscó frustradamente la candidatura presidencial en 1988 y en 2008, estaba en campaña para lograr su séptimo periodo en el Senado. La ley le permite ser simultáneamente candidato a vice-presidente y a senador, por lo que Biden posiblemente opte por retener su escaño. Los rumores ya circulan sobre la posibilidad de que Joe Jr., que pronto será enviado a combatir en Iraq, sea nombrado la gobernadora de Delaware como Senador en caso de que su papá sea electo vicepresidente.

 

Biden tiene una historia personal electoralmente atractiva. Cuando su primera mujer y una hija murieron en un accidente de auto en 1972, Biden quedó viudo a los 30 años, con dos hijos. Se volvió a casar en 1977 y tiene una hija de su segundo matrimonio. Lleva 30 años de matrimonio. Liberal en temas valóricos y ambiguamente moderado en cuestiones económicas, Biden sabe que para ser exitoso en política—en especial representando a un estado pequeño—hay que ser pragmático y capaz de entregar bienes y servicios a los votantes.

 

A la hora de evaluar sus contribuciones a la campaña de Obama, las ventajas de Biden son inferiores a sus debilidades. Su experiencia en política exterior ha sido destacada. Pero los vicepresidentes no influyen en política exterior. Basta con nombrar un buen Secretario de Estado. Además, la política siempre es una cuestión nacional, especialmente para las elecciones. Mucho más que la guerra en Irak, preocupa la economía. Más que la guerra en Georgia, preocupa el empleo. Al pensar que debía mostrarse preparado para enfrentar los problemas del mundo, Obama equivocó el camino. El mundo no vota en las elecciones estadounidenses. Los que votan están más preocupados de los precios que de la ONU.

 

Por cierto, ya que cuatro de los últimos cinco presidentes (Carter, Reagan, Clinton y Bush hijo) tenían poca experiencia exterior, nombraron candidatos vicepresidenciales expertos en esa área. Pero todos también tenían experiencia personal como gobernadores. Obama no. Su flanco más débil será su capacidad para administrar. Por eso, debió haber buscado a un gobernador estatal, preferiblemente de un estado que sea clave para ganar la presidencial de noviembre.

 

Biden sabe de política exterior, pero ha demostrado ser poco diplomático cuando da opiniones. Algunas de sus declaraciones han demostrado una falta de criterio y de sentido común preocupante. Además de demostrar insensibilidad racial y étnica, esas declaraciones son preocupantes, considerando que Biden lleva 36 años en Washington. Si no aprendió a controlar sus palabras hasta hoy, en las próximas semanas debiéramos ver algún escándalo que resulte de su incontinencia verbal. Eso le hará más daño a Obama que el bien que le pueda hacer tener a un compañero de fórmula que sepa el quién es quién de la política internacional.

 

Los spin-doctors de Obama—los asesores comunicacionales que buscan destacar lo bueno y ocultar lo malo—dicen que Biden tiene llegada con la clase trabajadora y la clase media. Pero Biden entiende menos al estadounidense común que el propio Obama. No basta con ir a dormir a la casa en Delaware todas las noches. Por más que viva entre la gente, un hombre que lleva 36 años en el Senado difícilmente podrá presentarse como cercano al americano medio.

 

Ahora que se inicia la convención demócrata, los simpatizantes de Obama celebrarán la unidad del partido. Las encuestas reflejarán el entusiasmo y la atención de los medios en el candidato demócrata. Obama debiera sacarle una clara ventaja a McCain en los próximos días. Pero después vendrá la convención republicana y McCain tendrá su oportunidad para acortar ventaja. Me temo que el republicano entenderá que la política es una cuestión local y, en vez de buscar como compañero de fórmula a un senador, escogerá a un gobernador para dar la señal que su campaña será mucho más sobre la economía que sobre la política internacional. Allí quedará en claro que la decisión de Obama de escoger a Joe Biden habrá constituido un monumental error.



Enviado por patonavia
 
 
20080815 Transperiodo presidencial



Patricio Navia

La Tercera, agosto 15, 2008

 

La votación a favor de un aumento del periodo presidencial a 5 años tomada por la comisión de constitución de la Cámara demuestra que las reformas irreflexivas y mal diseñadas no son exclusividad del ejecutivo. Justo un día después de poner a prueba a La Moneda por los errores de diseño e implementación del Transantiago, los diputados demostraron que, a la hora de hacer mal las cosas, ellos pueden pelear por el primer lugar.

 

En una sesión con asistencia mediocre—concurrieron 5 de sus trece integrantes—la comisión votó por aumentar el periodo presidencial a 5 años. Desde que retornó la democracia, Chile ha tenido tres periodos presidenciales distintos. Después del transitorio de 4 años de Aylwin, Frei y Lagos gobernaron por 6 años. A partir de 2005, el periodo presidencial es de cuatro años.

 

Es esencial que las elecciones presidenciales coincidan con las parlamentarias. Además de reducir el número de elecciones, la simultaneidad disminuye las chances de populismo y fortalece a los desacreditados partidos políticos. La idea de extender el periodo presidencial no es nueva. Michelle Bachelet, en una ya irreflexiva especulación, sugirió 5 años. Esa sugerencia refleja precisamente lo fácil que resulta lanzar propuestas al vuelo sin sopesar la amplia evidencia que existe en contra.

 

Por cierto, Chile debiera discutir un nuevo cambio al periodo presidencial para permitir una re-elección inmediata. Pero sería conveniente asociar esa reforma a la elección directa de intendentes, para reducir el poder de La Moneda y descentralizar el país.



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