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El mundo según Pato Navia

 
20090529 Enriquez-Ominami



 

¿Es Chávez o es Obama?

La desigualdad obstinada, una gerontocrática y agotada coalición de gobierno, y una Alianza que no practica la libertad con igualdad de oportunidades, hacen que Chile pida a gritos un líder que prometa recambio, libertad e igualdad. ¿Será Marco Enríquez-Ominami esa persona?

Por Patricio Navia

http://www.poder360.com/article_detail.php?id_article=1891

 



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20090524 Andrés Velasco, ¿Apoyo o relevo?



Patricio Navia

La Tercera, mayo 23, 2009

 

Ante los persistentes rumores -y temores- de que la candidatura de Eduardo Frei no vuela lo suficientemente alto, aparecen especulaciones sobre la posibilidad de levantar un nuevo abanderado concertacionista.

 

Si bien esa alternativa posiblemente pudiera ser más contraproducente que salvadora, los problemas que ha tenido Frei para ordenar su comando de campaña evidencian el mal momento de su candidatura. Después del nombramiento de Sebastián Bowen como coordinador general, hecho altamente mediático pero políticamente inverosímil, la falta de un real jefe de campaña se hizo evidente. Las irreflexivas declaraciones del equipo comunicacional estratégico descalificando una encuesta produjeron críticas públicas desde Océanos Azules, el grupo que arma el programa de gobierno. Frei ha optado por ignorar las peleas e infructuosamente ha intentado concentrarse en el mensaje. Pero el incidente ha reflejado lo peor de la Concertación, las riñas por el poder y la irrelevancia práctica del recambio generacional. 

 

Estas peleas al interior del comando dan cuenta de falta de sintonía sobre una hoja de ruta. Y las encuestas disponibles -cuya metodología no les permite reclamar representatividad nacional- reflejan que si la elección fuera hoy, ganaría Piñera.

 

Ante este escenario, la esperanza concertacionista radica en que se traspase la popularidad de Bachelet. Pero los silencios de la Presidenta el 21 de mayo preocuparon al comando. Frei repitió el nombre de Bachelet en sus cuñas televisivas mucho más que las tibias referencias que ha hecho Bachelet hacia Frei.  Para que el candidato oficial tenga una chance de ganar, el gobierno saliente debe hacer bien la pega. Pero si el abanderado oficial no despega, no es culpa del popular gobierno saliente.

 

Igual que hizo su predecesor, Bachelet evita descartar la posibilidad de volver a ser candidata. Su grupo cercano pareciera pensar que, de no despegar Frei, valdría la pena levantar otro candidato. Como la Constitución no prohíbe a los ministros ser candidatos presidenciales, la opción del bacheletismo para seguir en el poder la encarna su popular ministro Andrés Velasco. 

 

Ante la ausencia de un proceso legítimo de primarias, las encuestas pudieran tener la última palabra. En la encuesta CEP de mayo de 1999, en una simulación con cinco candidatos, Lagos recibía el 40%, Lavín el 29% y había un 23% de indecisos.

 

En junio de 2005, Bachelet tenía el 45% en la CEP, Lavín llegaba al 22%,  el recién proclamado Piñera al 14% y el 17% aparecía indeciso. Los resultados de la próxima CEP pudieran terminar por hundir la candidatura de Frei.

 

Pero ya que una derrota concertacionista haría reprobar, en palabras del propio ministro del Interior, el test de la blancura del gobierno de Bachelet, la irrupción de Velasco en la campaña debiera entenderse más como una operación de apoyo a Frei que una maniobra de reemplazo de una candidatura presidencial concertacionista que en estos días ha hecho más noticia por errores que por aciertos.

 



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20090524 Discurso 21 de mayo: ¿A repetirse el plato?



Patricio Navia

La Tercera, mayo 21, 2009

Aunque no logre superar el entusiasmo y el simbolismo histórico de su primera rendición de cuentas al país, el 2006, el último 21 de mayo de Bachelet será el más dulce para la primera mujer en llegar a La Moneda.

Pese a que ha sido un período discreto en términos de producción de leyes, con más errores (Transantiago, fallidas reformas educacional y política, democracia participativa) que aciertos (red de protección social), Bachelet se encamina a la recta final con la frente en alto.

La Concertación está en peor estado que cuando ella llegó y podría cargar con su primera derrota electoral. Las relaciones con los países vecinos han empeorado bajo su gobierno y la tasa de crecimiento de la economía es la más baja desde el retorno de la democracia. Medido respecto de los ejes que ella misma enarboló en su discurso de 2006 (pensiones, educación, innovación y emprendimiento, y calidad de vida en las ciudades), su legado sólo logró nítidamente uno de los objetivos: la reforma de pensiones.

Pero Bachelet es querida por la gente y su desempeño actual es aprobado por el 70% de la ciudadanía. Y esa popularidad se debe, en buena medida, a lo providencial que resultaron las posturas que asumió la Presidenta -aunque no tan convencida- en los primeros años de su administración. Cuando el cobre alcanzaba precios astronómicos,

Bachelet no accedió a las demandas por gastar más que provenían de la Concertación y optó por la disciplina fiscal de su ministro de Hacienda. 

Pese a esas presiones de los partidos oficialistas, Bachelet mantuvo a Velasco en Hacienda. Y aunque públicamente también apoyó a Osvaldo Andrade en Trabajo -desde donde regularmente se torpedeaban las iniciativas de Hacienda-, en todas las pugnas relevantes se impuso siempre la visión de Velasco.

La propia Bachelet reconoció no estar convencida de la estrategia de disciplina fiscal cuando confidenció  que regularmente le preguntaba a Velasco por qué no se podía gastar más. Pero los cambiantes vientos del mundo dieron la razón a Hacienda y ahora la Mandataria tiene una billetera llena para repartir en un país que pasa por su peor crisis económica desde 1982.

En campaña, Bachelet se autoimpuso la meta de que en su gobierno nadie se repitiera el plato. Ahora, el círculo más íntimo de la Presidenta comienza a emitir señales de que el síndrome de platos repetidos podría reaparecer y especula sobre un posible retorno a Palacio en 2014.

Porque el ejercicio del poder acostumbra a todos los políticos, tengan faldas o pantalones,  puede que la popular Presidenta, sus cercanos y sus re-convencidos aliados piensen que tal vez este no tiene por qué ser el último discurso de Bachelet un 21 de mayo.



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