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Tropezó el puntero (el debate presidencial en Chile)
Thursday September 24, 2009
Patricio Navia
Septiembre 24, 2009
Los debates presidenciales, especialmente cuando hay más de dos candidatos, difícilmente pueden producir un claro ganador. Ya que los candidatos y sus comandos se preocupan de subir las expectativas sobre los rivales y bajar las propias, las apuestas sobre quién tendrá mejor desempeño siempre aparecen distorsionadas. De igual forma, los ejércitos de voceros que salen a resaltar las interpretaciones favorables a sus candidatos también desfiguran los recuerdos que tiene la gente. Adicionalmente, el hecho que la mayoría de los televidentes del primer debate sean simpatizantes comprometidos, al final del día, el evento tiene poca incidencia directa sobre la intención de voto.
Pero los debates tienen un gran efecto sicológico sobre los equipos de campaña y los simpatizantes más comprometidos. También, instalan percepciones en los medios de comunicación y líderes de opinión, que a esta altura de la campaña están más atentos que el público en general. Los debates ponen temas que sobreviven por varias semanas en el campo de batalla de campaña. Por eso, aunque difícilmente los puede ganar alguien, los debates pueden constituir derrotas para algunos candidatos.
La mejor forma de saber quién ganó un debate es mirando el estado de ánimo de los comandos y revisando los temas que resuenan en la cobertura mediática. Siguiendo ese criterio, el debate de anoche tuvo a Piñera como perdedor. Frei acusó a Piñera directamente. Golpeó primero. Piñera, que se había visto algo nervioso y sin su acostumbrada enfática coherencia, respondió con fuerza, pero por el formato del debate, tarde. El empresario terminó cojeando por su lado más débil, la compleja combinación de política y negocios. Al acusarlo de uso de información privilegiada, Frei convirtió el debate en un cuestionamiento a la idoneidad de Piñera para ser presidente. Es cierto que el que va segundo siempre ataca. Pero sabiendo eso, Piñera pareció poco preparado para defenderse y contra atacar. Porque lleva 4 años en campaña, el discurso de Piñera pareció repetitivo. Su promesa de ser más duro con los bancos a favor de los usuarios pareció acercarlo a un terreno donde sus tres rivales tienen más credibilidad. Después de todo, cuando piensa en quién sería el candidato de los banqueros, la gente inevitablemente apunta a Piñera.
Frei concentró sus dardos en Piñera, ignorando los emplazamientos de Enriquez-Ominami. La estrategia es riesgosa. Si funciona, reduce la carrera a una cuestión de dos. Pero si la gente castiga las peleas y acusaciones mutuas, la disputa Piñera-Frei terminará por favorecer a ME-O. La decisión de ignorar a Marco refleja que Frei no está pensando en la segunda vuelta, donde necesitaría su apoyo. Si no temiera perder ante Marco en primera vuelta, Frei sería tan condescendiente con ME-O como ha sido con Arrate. Frei habló de transparencia y rendición de cuentas, pero es el único que no ha informado respecto a cuánto ha gastado y de dónde ha sacado el dinero. Frei se equivocó cuando dijo que Clinton había alabado el sistema chileno. Muchos chilenos que, a diferencia de Clinton, son usuarios del sistema podrían discrepar. En su imprecisión habitual con palabras, Frei también exageró el status de transparencia internacional. Pero en general, se mantuvo firme. Ya que las expectativas sobre su desempeño eran tan bajas, Frei no decepcionó.
Como se anticipaba, ME-O habló de futuro, esperanza y recambio. Puso un par de buenos temas, como los operadores en los hospitales y los problemas en vivienda. Pero no es fácil para un candidato de 36 años lograr mostrarse como presidenciable. Para pasar a segunda vuelta, necesita que Frei tropiece. Anoche, no lo logró. Marco sigue en carrera, pero necesita mantener su curva ascendente si quiere alcanzar a un Frei que aunque no brilla, aguanta bien.
Lo de Arrate no fue sorpresivo. Un candidato que no tiene nada que perder puede decir un par de verdades y hacer promesas. Nadie le va a pedir explicaciones sobre cómo lo va a hacer o financiar. Pero Arrate igual logró consolidarse como un candidato de protesta y de izquierda. Su buen desempeño obligará a Frei y ME-O a decidir entre cuidar su flanco izquierdo y penetrar más en parte de ese voto moderado que, después del debate, parece menos evidente que esté seguro en el campo de Piñera.
Por el número de participantes, su estructura y naturaleza, el debate no podía tener un claro ganador. Pero probablemente anoche Frei se sintió un poco más aliviado y Piñera se fue a casa sabiendo que perdió una gran ocasión para apuntalar su primer lugar. El puntero tropezó y eso significa que, en las próximas semanas, la incertidumbre sobre quién será el próximo presidente irá en aumento.
Enviado por patonavia
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Mas luces que sombras (el debate presidencial 2009)
Thursday September 24, 2009
Más luces que sombras
Patricio Navia
La Tercera, septiembre 24, 2009
No existen los debates perfectos. Por presiones de los comandos, por la ansiedad de la opinión pública, por las agendas de los canales de televisión, por las restricciones de tiempo y por la multiplicidad de temas a discutir, los debates difícilmente pueden satisfacer a todos. Pero el debate presidencial de anoche tuvo muchas más luces que sombras. Los candidatos lograron poner temas importantes sobre la mesa, aclararon posturas y delinearon prioridades. Pese a las restrictivas reglas del juego, los candidatos se animaron a hablarse directamente y marcaron diferencias.
Algunos equivocadamente comparan un debate de dos candidatos presidenciales en Estados Unidos con el debate entre cuatro candidatos de Chile. Pero el intercambio de ideas, las réplicas y contra réplicas se hacen muy difíciles cuando hay más de dos candidatos. Adicionalmente, en Estados Unidos los periodistas acostumbran a ser mucho más rápidos en articular sus preguntas y devolver el micrófono a los candidatos. Es verdad que en Estados Unidos los debates a menudo incluyen preguntas directas de la gente—sin la moderación de los periodistas. Pero eso tiene más que ver con los canales de comunicación que con los requerimientos de los candidatos.
Ciertamente sería bueno tener reglas más claras que promovieran un mayor protagonismo de los votantes tanto en las preguntas como en el público. Los electores de a pie son más importantes que las familias de los candidatos. Pero si comparamos con debates presidenciales de años anteriores, el de anoche representó una mejora gradual. Aunque pudiera parecer condescendiente, los debates en la medida de lo posible que han caracterizado a las elecciones presidenciales chilenas muestran también una democracia cada vez más consolidada.
Enviado por patonavia
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Las presidenciales de 2009: diversidad democrática en América Latina
Tuesday September 15, 2009
EL ANÁLISIS DE INFOLATAM
Infolatam Nueva York, 14 de septiembre de 2009
(Especial para Infolatam).- Si hace cuatro años la gran noticia en América Latina fue el supuesto giro a la izquierda que tomaron los electores en la seguidilla de elecciones presidenciales que se iniciaron con la contienda de Honduras en noviembre de 2005, la temporada electoral que pronto se inicia evidencia que la calidad de la democracia varía de país en país y que los votantes de América Latina toman sus decisiones a partir de las realidades nacionales y no como una masa que coordinadamente gira hacia la izquierda o a la derecha. (sigue)
Cuando termine 2009, 6 países de América Latina habrán celebrado elecciones presidenciales. El Salvador, en marzo, y Ecuador, en abril, ya votaron. Los otros cuatro lo harán a partir de fines de octubre. Uruguay va a las urnas el 25 de octubre, Honduras—si las cosas se solucionan—tendrá una elección reconocida por el mundo el 29 de noviembre. Bolivia y Chile tendrán la primera vuelta el 6 y el 13 de diciembre respectivamente.
En El Salvador, los votantes escogieron a Mauricio Funes, un líder moderado que iba como candidato del partido tradicional de izquierda, el FMLN. Además, como su partido no tiene mayoría absoluta en el Congreso, y la oposición controla la ciudad capital, Funes ha debido buscar consensos para gobernar. Los votantes de El Salvador dieron un giro a la izquierda respecto a los últimos 20 años, pero fue un giro suave y poco traumático.
En Ecuador, el electorado votó por la continuidad. El presidente Rafael Correa, electo en 2006, ganó un primer periodo bajo la nueva constitución de 2008. Si bien Correa mantiene políticas de izquierda, su retórica es mucho más izquierdista que sus políticas. Correa ha sido mucho más moderado y pragmático en temas clave de lo que temían sus peores adversarios. Es más, con Correa, Ecuador ha vivido una estabilidad, pese a todo el proceso que culminó en una nueva constitución, que el país no tenía en más de una década.
Si bien las democracias de El Salvador y Ecuador presentan problemas y desafíos, parece apropiado decir que en ambos casos la institucionalidad hoy es más fuerte que hace años.
En Uruguay y Chile, las elecciones presidenciales evidenciarán la mayor solidez de esas democracias. Independiente de si ganan las gobernantes coaliciones de izquierda o si los candidatos de derecha se hacen con el poder, nadie espera que Uruguay o Chile cambien sustancialmente el rumbo de desarrollo con políticas amigables al mercado—más Chile que Uruguay—que han venido adoptando en las últimas dos décadas. El hecho que las elecciones no constituyan noticias alarmantes refleja el buen estado de sus democracias. Ciertamente hay interés por saber quién ganara, pero ni Chile ni Uruguay se juegan su estabilidad y su rumbo de políticas económicas en sus próximas contiendas presidenciales.
La situación de Bolivia es de dulce y de agraz. El Presidente Evo Morales parece encaminado a una fácil victoria. Será el primer presidente que logra una re-elección democrática en un país históricamente marcado por divisiones e inestabilidad. El tener estabilidad es una buena señal, sobre todo porque se da en un contexto democrático. Morales se ha sometido a las reglas del juego democrático y ha ganado elecciones. Ahora bien, por la propia decisión de Morales de convertirse en el presidente de los indígenas en vez de aspirar a ser el mandatario de todos los bolivianos, y por los errores de una oposición que parece más interesada en potenciar las autonomías de los departamentos rebeldes que en construir una alternativa nacional, Bolivia avanza hacia un equilibrio de partido único, o al menos partido dominante. El MAS, que lidera Morales, tiene el apoyo mayoritario de la inmensa mayoría indígena. A menos que aparezca un partido de oposición que busque competirle al MAS los sectores indígenas—y para ello se haga cargo de algunas reivindicaciones de esa mayoría tradicionalmente marginada—la democracia boliviana carecerá de una de las condiciones necesarias para su supervivencia, la posibilidad de alternancia en el poder. Por eso, la gran incógnita en la elección boliviana es si la oposición será capaz de unirse tras una candidatura de consenso que desafíe a Morales. Si no lo hace, la democracia boliviana se sustentará sobre un supuesto peligroso, que no hay alternativas reales al MAS.
El ampliamente discutido caso de Honduras parece el más preocupante. A menos que las partes en conflicto se pongan de acuerdo en realizar elecciones reconocidas por todos y aceptadas por la comunidad internacional, la anómala situación de ese país se mantendrá más allá del que debió ser el fin del periodo presidencial de Manuel Zelaya en enero de 2010.
Estos seis casos demuestran que parece antojadizo hablar de giros a la derecha o a la izquierda en América Latina. Estos países van en puntos muy diferentes de la ruta hacia la consolidación democrática. En Chile, Uruguay y en menor medida El Salvador las elecciones no son asuntos de vida o muerte. Los giros que tomen esas democracias no son curvas peligrosas en un camino cada vez más seguro hacia la consolidación democrática. En Ecuador y Bolivia los electores parecen tener pocas opciones para escoger. Los giros hacia la izquierda o la derecha parecen más patrimonio del partido y el líder en el poder que de la gente. Ya que no hay una oposición fuerte que aparezca como alternativa, la elección sólo sirve para expresar apoyo o descontento con las autoridades, pero no para escoger nuevos líderes.
Tal vez por eso resulte también excesivo el temor al contagio que algunos dicen tener respecto al golpe en Honduras. Sea quien fuera el responsable final de la crisis democrática en ese país, la salida forzada de Manuel Zelaya del poder fue un fenómeno que difícilmente se podría repetir en países donde no existe el nivel de tensión y polarización institucional que existía en Honduras antes del golpe.
Tal vez la mejor noticia de las presidenciales de 2009 en América latina es que el temido efecto contagio que lleve a América Latina a girar como un todo a la izquierda o a la derecha no existirá y que cada país votará de acuerdo a las oportunidades y fortalezas que ofrecen sus diversas democracias. Ubicadas en distintos puntos en el camino de consolidación democrática, los giros de cada país no pueden ser interpretados como mareas que evidencian un sentimiento generalizado en la región.
Enviado por patonavia
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