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La deuda pendiente de Andrés Velasco
Sunday November 22, 2009
Patricio Navia
La Tercera, noviembre 22, 2009
Al optar por abrir a la opinión pública espacios de su vida personal—como acostumbran hacer los candidatos, no los ministros—el titular de Hacienda Andrés Velasco ha logrado desviar la atención de la opinión pública hacia cuestiones personales. En otras palabras, ha eludido la discusión sobre temas que competen directamente a su cartera y sobre el conflicto de interés que existe entre ser a la vez titular de hacienda y asesor en la sombra del candidato presidencial oficialista.
La otra cara de la moneda de la aprobación presidencial de Bachelet es la desaprobación del desempeño de gobierno en temas sectoriales. Mientras la aprobación al gobierno y al manejo económico es de 80% y 74% respectivamente (Adimark), la aprobación en educación (36%), salud (36%), Transantiago (33%), corrupción (21%) y delincuencia (12%) es deficiente. Bachelet logra inmunidad en su aprobación porque se distancia de los temas específicos. Si las cosas no funcionan en salud o educación, la culpa no es de Bachelet, porque ella no ve esas cosas. Como no da conferencias de prensa, la presidenta responde sólo a los temas que quiere cuando ella quiere.
Como la estrategia ha funcionado, es natural que otros la imiten. Después que fuera descubierto trabajando en documentos de campaña de Eduardo Frei en plena discusión del presupuesto en el Senado, Velasco ha eludido aclarar su rol en el comando. Desde el oficialismo correctamente critican la incapacidad de Piñera para separar negocios de la política. Pero la indefinida participación de Velasco en la campaña subraya la necesidad de transparentar otros potenciales conflictos de interés. Como ciudadanos, los ministros tienen derecho a tener preferencias políticas. Pero así como un candidato presidencial no es un ciudadano normal, los ministros de hacienda tienen potenciales conflictos de interés cuando se ponen camisetas de candidatos.
Lamentablemente, Andrés Velasco esquivó ese debate. En una entrevista dominical que ofreció a TVN, se rehusó a responder sobre su rol en el comando, anunciando en cambio la buena nueva de su próxima paternidad, lo que naturalmente genera simpatía y cariño.
Como ministro, le corresponde asumir responsabilidades políticas. Sobre todo, aclarar los potenciales conflictos de interés que lo tienen con un pie en la campaña presidencial y con el otro en un ministerio de hacienda que ha adquirido más poder en este gobierno que nunca antes desde el retorno de la democracia. Esa es la deuda pendiente del ministro de Hacienda.
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¿Para qué sirven los programas? (corrigiendo a Engel)
Sunday November 15, 2009
Patricio Navia
La Tercera, noviembre 15, 2009
En su columna del domingo pasado, Eduardo Engel pedía públicamente a los candidatos que difundieran sus programas de gobierno para que la gente pueda escoger bien por quién votar. Los programas de gobierno de los candidatos son una mezcla de manual del usuario y seguro de garantía. Nadie les presta mucha atención al momento de adquirir el producto. Pero son imprescindibles para hacer funcionar adecuadamente el producto y se convierten en esenciales si es que algo sale mal.
En cada elección, los candidatos presidenciales enfrentan un desafío complejo. Mientras más específicas sean sus propuestas y más detallados sus planes, más riesgos corren. Las promesas concretan pudieran ahuyentar votantes que piensan distinto. Los compromisos específicos pueden desalentar a los que no resultarán beneficiados. Los anuncios de reformas pueden polarizar al electorado. Por eso, los asesores comunicacionales a menudo aconsejan que mientras más generales las promesas, mejor. En tanto más hable de sueños y menos de proyectos específicos, menos amarrados quedará el candidato en caso de ganar la elección.
Pero lo que es bueno para los candidatos no es necesariamente bueno para los electores. Ya que existen pocas herramientas que obliguen a los políticos a cumplir sus promesas una vez en el poder, los compromisos públicos con propuestas concretas protegen más al electorado. Mientras y más específicos sean sus compromisos como candidatos, más alta será la sanción moral—y presumiblemente más baja la aprobación presidencial—en caso de incumplimiento.
Los programas de gobierno no convencen electores. Son pocas las personas que se dan el trabajo de leerlos detalladamente. Peor aún, la mayoría de aquellos que sí los leen tienen su voto decidido de antes. Los debates en torno a los programas de gobierno tampoco atraen la atención de la gente. Así como raramente leemos cuidadosamente un contrato al momento de adquirir un bien o muchas veces tratamos de hacer funcionar una nueva adquisición antes de leer el manual del usuario, los electores a menudo decidimos nuestro voto a partir de experiencias pasadas, tradiciones familiares, temores, sueños o cuestiones de piel. Pero aunque no lo leamos antes de comprar o firmar, siempre es mejor tener el manual de usuario y el contrato a mano. Cuando las cosas funcionan bien, sólo ocupan espacio. Pero si algo llega a funcionar mal, ayudan mucho e incluso nos protegen.
En política ocurre lo mismo. Si la economía anda bien y el país progresa, la gente pone poca atención al nivel de cumplimiento de las promesas que se hicieron en campaña. Si el presidente no hizo todo lo que prometió, pero lo que hizo lo hizo bien, estamos dispuestos a aceptar incumplimientos. Pero cuando las cosas andan mal, la revisión de los programas de gobierno permite asignar mejor las responsabilidades por los errores y omisiones y aprender lecciones para el futuro.
A menudo se dice que las campañas políticas se hacen en poesía pero los gobiernos se hacen en prosa. Un candidato difícilmente va a ganar una elección si es incapaz de proyectar sueños y de ganarse el corazón y la confianza de la gente. Del mismo modo, un gobierno dificultosamente podrá llegar a buen destino si no posee un programa de gobierno que estipule objetivos y prioridades y que especifique las formas y los mecanismos que se utilizarán para avanzar hacia esas metas. Idealmente, una buena campaña debiera tener poesía para ganarse el corazón de los votantes y prosa para mostrar una hoja de ruta y un proyecto claro para los cuatro años de gobierno.
Precisamente porque para llegar a ser gobierno primero hay que ganar la elección, la poesía a menudo desplaza a la prosa en las últimas semanas de campaña. Si bien el énfasis en la imagen y en los mensajes cortos y simbólicos es comprensible, sólo aquellas campañas que además de
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Repitiéndose el plato
Thursday November 12, 2009
Patricio Navia
La Tercera, noviembre 12, 2009
Uno es más esclavo de sus palabras que de sus silencios. Desde que irreflexivamente dijera como candidata que esperaba que en su gobierno nadie se repitiera el plato, Bachelet abrió un gigantesco flanco. Independientemente de su desempeño, su futuro político después de la presidencia quedará amarrado a esas declaraciones.
En sus sorpresivos comentarios en Corea del Sur, la discreta Angela Jeria especuló con la posibilidad de que su hija vuelva a ser presidenta. La altísima popularidad con que Bachelet deja el poder ha alimentado los afanes reeleccionistas en sus más cercanos colaboradores. Hace algunos meses, el hijo de la Mandataria le preguntó en un programa de TV por sus planes. Como buena política, Bachelet respondió elusivamente, diciendo que quería pasar tiempo con su familia. Emulando la ambigüedad de su predecesor, dejó la puerta abierta.
Si bien la Presidenta ha movilizado al gobierno para apoyar a Frei, Bachelet ha sido menos entusiasta con la candidatura oficial de lo que fue Lagos con la suya en 2005. La reciente conversión de Frei al bacheletismo y su estilo opuesto al coloquial y cercano de Bachelet pudieron haber influido sobre el poco entusiasmo de La Moneda. La Mandataria ha apoyado disciplinada, pero no entusiastamente, a Frei. Después de todo, Bachelet optó por llevar a su madre -asesora de la campaña de Frei-de gira presidencial cuando falta un mes para la primera vuelta.
Algunos miembros del círculo íntimo de la presidenta parecieran pensar que es más factible que Bachelet volviera a ser candidata si Piñera es ungido Presidente. Después de todo, una derrota concertacionista dejaría a Bachelet como el principal capital electoral de la centroizquierda. Si bien resulta riesgoso intentar adivinar cuál será el clima electoral del país en cuatro años, los dichos de Jeria vuelven a poner en el debate el futuro político de Bachelet.
Enviado por patonavia
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