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El mundo según Pato Navia

 
20080210 Vivir en Nueva York: Comuna Segura



Patricio Navia

La Tercera, febrero 10, 2008

 

Mientras Nueva York se transforma en una ciudad cada vez más segura, los índices de violencia y delincuencia en Santiago van en aumento. ¿Llegará pronto el día en que Brooklyn sea más seguro que La Florida y el Bronx tenga índices de delincuencia menores que La Pintana?

 

Al ser residente de Nueva York y Santiago a la vez, puedo disfrutar de ambas ciudades. También sufro con el Transantiago y con el eficiente pero envejecido metro de Nueva York. Mi bolsillo resiente los aumentos de precios en pesos y dólares. y celebro los triunfos de Colo Colo y de los New York Yankees en Beisbol. Pero al salir a la calle en Nueva York me siento cada vez más seguro, mientras que en las calles de Santiago percibo una creciente sensación de inseguridad.  Tengo más amigos que han sido víctima de delitos en Santiago que en Nueva York.

 

Nueva York y Santiago se parecen en muchas cosas. Mientras NY tiene una población de 8,2 millones, la zona urbana de Santiago tiene 6,4 millones. Con un área de 641 km2, Santiago es un poco más pequeño que NY (785 km2, sin contar canales y ríos). Aunque NY tiene más diversidad étnica (36% nacimos en otros países), Santiago tiene más población extranjera que nunca antes en su historia. La población de Nueva York es la más alta de su historia, pero Santiago ha crecido mucho más rápido en los últimos 30 años.

 

Ambas ciudades atraviesan por un buen momento. Su reputación en el mundo mejora cada año. La cultura y las artes avanzan y la energía y el entusiasmo de sus habitantes destaca respecto a otras ciudades del continente. Pero mientras Nueva York ha avanzado también en reducir el crimen y la delincuencia, Santiago se ha quedado estancado. 

 

Los habitantes de Nueva York se saben cada vez más seguros. En 2007, hubo 496 homicidios. Al comparar ese dato con los casi 300 homicidios registrados en Santiago, NY parecería menos segura. Pero si consideramos que hubo menos homicidios en 2007 que en cualquiera de los últimos 40 años, que en 1990 hubo 2.262 homicidios y en 2006 el número llegó a 596, la percepción de seguridad que se siente en las calles de Nueva York es perfectamente justificada. Desde que en 1964 se empezaron a recolectar estadísticas con la metodología actual, Nueva York nunca había tenido un año con índices tan bajos de asesinatos.

 

Como en otras grandes ciudades, los homicidios en Nueva York se agrupan en distintas categorías. En dos de cada tres asesinatos se usa un arma de fuego. En cinco de cada seis asesinatos, la víctima conocía a su victimario. Uno de cada doce homicidios fue perpetrado por la pareja de la víctima (para seguir la iniciativa de SERNAM, serían femicidios, homicidios o bien homo y lesbicidios). El 77% de los asesinos, y el 70% de las víctimas, tenía historia criminal previa. Nueve de cada diez asesinos—y el 92% de las víctimas—son negros o latinos. El tráfico de drogas está directamente relacionado con más de la mitad de los asesinatos en Nueva York.

 

Así como ha disminuido el número de asesinatos, también han bajado sustancialmente otros indicadores de criminalidad, como las violaciones, los asaltos a mano armada y los robos contra la propiedad. Es mucho más probable que a uno lo “cartereen” en Santiago a que le roben la billetera en Nueva York. En mi caso, la historia ha sido opuesta. Nunca he sido víctima de un asalto en Santiago, pero si fui “cartereado” cerca de mi loft en Brooklyn hace 7 años. Dos adolescentes negros me abordaron a la salida de la estación del metro. Después de un forcejeo, se llevaron mi billetera. En mi declaración reconocí no haber visto ni armas ni objetos corto punzantes. “Estuvo bien que no arriesgaras tu vida peleando contra ellos”, me dijo el policía, que minutos después llegó a la escena del crimen, en un tono que consideré irónico.  Tres semanas después, tal como me advirtió el policía, me llegó la billetera por correo. Los considerados asaltantes ponen las billeteras en los buzones de correo después de tomar el dinero en efectivo. Aunque yo había cancelado ya las tarjetas de crédito, sentí tranquilidad de saber que no intentarían clonar mi identidad y satisfacción por no tener que renovar mis otros documentos.

 

Nueva York se siente hoy mucho más segura. Ha transcurrido sólo un mes de 2008, pero las estadísticas ya parecen bien encaminadas. Mientras en enero de 2007 se cometieron 10 asesinatos, este año sólo hubo 5. En cambio, por los periódicos me he informado de al menos 7 asesinatos en Santiago.

 



Enviado por patonavia
 
Comentarios:


Estimados(as):

Probablemente algunos lectores se preguntan por que el número de crímenes en Nueva York ha disminuido tan significativamente. Si bien existen varios factores que han contribuido en la disminución del crimen en la gran manzana, una de las explicaciones más aceptadas es la que se relaciona con “The Broken Windows Theory” (Teoría de la Ventana Rota). Esta teoría, desarrollada por los académicos James Q. Wilson y George L. Kelling, argumenta que el crimen es el inevitable resultado del desorden.

Si una ventana esta rota en la vía pública y se deja sin reparar, nos indica la teoría, los transeúntes concluyen que a nadie le importa y nadie se hará cargo de arreglarla. Más temprano que tarde aparecerán otras ventanas rotas. La escena de anarquía se expandirá desde el edificio a la cuadra completa, después a la manzana, el barrio, y así sucesivamente. Wilson y Kelling señalan:

“Muggers and robbers, whether opportunistic or professional, believe they reduce their chances of being caught or even identified if the operate on streets where potential victims are already intimidated by prevailing conditions. If the neighborhood cannot keep a bothersome panhandler from annoying passerby, the thief may reason, it is even less likely to call the police to identify a potential mugger or to interfere if the mugging actually takes place”.

Si llevamos la idea a Santiago, algunos persistentes problemas y crímenes menores – como el de los agresivos niños/adolescentes “limpia-parabrisas” en intersecciones, el crónico problema de los lanzas, microtrafico, comercio ilegal ambulante, prostitución en las calles, etc. – serían los equivalentes a las “ventanas rotas”. Las ventanas rotas finalmente resultan en una invitación a crímenes más serios y violentos. Según la teoría, si se reparan las ventanas, en forma rápida y permanentemente, los crímenes más violentos disminuirán.

El primer intento por poner en práctica la teoría ocurrió a principios de los 80, cuando Kelling fue contratado como consultor por el New York Transit Authority, para solucionar el problema de los graffiti en el metro neoyorquino y la evasión del pago. Los resultados fueron excelentes. Ya prácticamente no se ven los graffitis en los carros y los que evaden el pago en el metro arriesgan severas multas.

Si bien en Nueva York se profundizaron las aplicaciones de la teoría en otras áreas a principios de los 90 (tráfico de drogas, prostitución, etc,), solo se implementó con fuerza a partir de 1994 bajo la alcaldía de Rudy Giuliani. Desde entonces los resultados han sido significativos, consistentes, y con mejoras cada año. De acuerdo al estudio llamado “Do Police Matter? An Analysis of the Impact of New York City's Police Reforms", gracias a la implementación de la propuesta de la ventana rota cerca de 60.000 crímenes violentos fueron evitados entre 1989 y 1998. En los años recientes, como bien lo indica la columna, la tendencia de menores crímenes en Nueva York continúa a la baja.

Por último, es importante destacar las marcadas diferencias entre las policías de Santiago y Nueva York, que en el fondo son las instituciones encargadas de poner en práctica la teoría presentada. Actualmente, el Departamento de Policía de Nueva York (NYPD) mantiene una de las fuerzas policiales más numerosas y modernas de los Estados Unidos. Según datos de su sitio web, a enero del 2007 contaba con una fuerza policial cercana a los 37.000 miembros activos. Si a este número se le suman aproximadamente 4.500 agentes de policía auxiliares, 5.000 agentes de seguridad en colegios, y 2. 300 agentes de tránsito, entre otros, la cifra de policías es bastante superior que la del total de carabineros para todo Chile (39.428 según datos del sitio Web de la institución).

Dejo para la imaginación de los lectores las diferencias existentes entre las policías de la “capital del mundo”, y la capital de Chile, en cuanto a disponibilidad de recursos (tecnología de vanguardia, vehículos, laboratorios criminalisticos, etc.), el rango del nivel de sueldos y beneficios para los policías, y el nivel de educación de los funcionarios.

Con todo lo anterior, parece que solo nos queda aceptar que con los limitados recursos disponibles, y las dudosas competencias de nuestros políticos y autoridades (véase el fiasco Transantiago), será muy difícil implementar exitosamente medidas similares a aquellas que han funcionado en la gran manzana. Luego, es muy probable que la reputación de Santiago en el mundo, al menos en cuanto a niveles de crímenes y seguridad, lamentablemente empeorará en los próximos años….

Saludos,

Lawrence Lamonica


Enviado por Lawrence Lamonica (208.58.4.210) en February 11, 2008 a las 01:44 AM CLST #

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