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El mundo según Pato Navia

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1 - 8 of 8 found.

 
20100105 De concertacionista a votar por Piñera: opción legítima



Patricio Navia

La Tercera, enero 5, 2010

 

Votar por Sebastián Piñera es una opción válida en segunda vuelta. Si un concertacionista se siente decepcionado de la incapacidad de los líderes partidistas para escuchar la voz de la gente, legítimamente puede votar para que el candidato de la Alianza sea el próximo Presidente. Si bien me identifico como simpatizante de la Concertación, tras haber apoyado y votado a Enríquez-Ominami en primera vuelta, mi voto en segunda no es incondicional del oficialismo, que debe ganarse mi voto con acciones concretas.

 

Votar a favor de una derrota de la Concertación es una sanción razonable contra una coalición que despreció la voluntad ciudadana en el proceso de selección de su candidato y que incluso hoy se niega a hacer un mea culpa. Es verdad que, tímidamente, algunos líderes más jóvenes del bloque reconocen errores. Pero sus esfuerzos parecen desconocer la urgencia de la situación actual. No basta con promesas de renovación. Hay que demostrar que los cambios se pueden hacer aquí y ahora.

 

El tiempo para enmendar rumbo se acaba. La Concertación, liderada inequívocamente por Frei, todavía puede expiar sus faltas y, renovando sus liderazgos partidistas, demostrar que es capaz de escuchar la voz de la gente. Pero debe hacerlo antes de la segunda vuelta, porque ya no tiene credibilidad para dejar cheques en garantía.

 

Si no hay reacción de la Concertación, un voto por Piñera es una opción razonable. No es una traición. La Concertación abandonó sus principios cuando celebró primarias truchas. Ahí, los partidos rompieron el pacto democrático fundacional. Los simpatizantes estamos ahora en libertad de acción.

 

Votar por Piñera no es votar por los pinochetistas y conservadores. Si bien esa derecha se alegrará de ver la derrota concertacionista, ese sabor dulce devendrá en amargura cuando Piñera demuestre que representa a una nueva derecha, que rechaza la dictadura y cree en la igualdad de oportunidades. La existencia de dos coaliciones legitimadas para gobernar será beneficiosa para Chile. Por años, la Concertación confió demasiado en su garantía de superioridad moral, y esa amenaza no es saludable.

 

Piñera no es un candidato perfecto. Tampoco Frei. Ni lo fueron Bachelet o Lagos. Piñera debe disipar dudas sobre sus intereses empresariales y su capacidad de promover la diversidad, meritocracia e inclusión. Su campaña está al debe en varios aspectos, pero desde la primera vuelta ha dado más señales de querer escuchar la voz de la gente que su contendor. 

 

Muchos simpatizantes del oficialismo hoy se sienten traicionados por la coalición que han apoyado por años. Aunque están agradecidos de los logros y del camino recorrido, hay un distanciamiento creciente y discrepancias profundas sobre valores y principios. A menos que reconozca faltas, pida perdón y enmiende rumbo, la alternativa de la separación temporal bien pudiera ser la única forma de salvar y refundar la relación. Naturalmente, el riesgo es que un voto por Piñera devenga en una relación más permanente con una derecha democrática nueva, liberal e incluyente. Ese es un riesgo que el oficialismo, en su tozudez, parece querer correr.

 

Cual pareja que violó el sagrado vínculo, la responsabilidad de evitar el quiebre permanente pasa por un reconocimiento del error y un cambio inmediato de actitud. Sin expiación no puede haber perdón ni reconciliación.

 



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20070527 Desalojo por ineficiencia



Patricio Navia

La Tercera, mayo 27, 2007

 

Aunque no es la mejor plataforma para construir una campaña presidencial, la estrategia de desalojar a la Concertación que parece promover la Alianza se fortalecería si asocian el nuevo gasto prometido por Bachelet con el despilfarro y con las reconocidas ineficiencias en mejorar la educación que han demostrado los gobiernos concertacionistas.

 

Al igual que la Concertación, la derecha tiene dos almas. Una aboga por colaborar con el gobierno para demostrar que es capaz de dar gobernabilidad. Aunque ambos se vean como rivales, Longueira y Piñera entienden que para llegar a La Moneda primero deben pasar el test de la blancura. Por eso, usando estilos y herramientas distintas, ambos han buscado convencer a la a opinión pública que la Alianza tiene mejores dedos para el piano que la Concertación.

 

La otra alma de la Alianza es más confrontacional. Liderados por Larraín y Larraín, los duros de ambos partidos quieren negarle la sal y el agua a Bachelet. El otrora moderado Andrés Allamand se ha sumado a esa banda. En El desalojo, el senador designado por Valdivia enumera muchas evidencias de falencias de la Concertación. Pero sólo dedica 20 páginas a argumentar a favor de que la Alianza. El ala intransigente de la Alianza quiere llegar a la Moneda por secretaría. En vez de ganar elecciones, quieren eliminar a la Concertación antes de que empiece la competencia.

 

La Concertación, por su parte, ha demostrado crecientes niveles de intolerancia. Ya hastía el gastado alegato de la superioridad moral sobre una derecha que apoyó a la dictadura. La creciente percepción de que ellos son los únicos con capacidad para gobernar comienza a despertar sospechas sobre las convicciones democráticas de esa coalición, y también sobre su disponibilidad para abandonar La Moneda si el electorado así lo decide.

 

Aunque no es suficiente para llevar a la Alianza a La Moneda, los alegatos sobre las deficiencias concertacionistas tienen mérito. Diecisiete años después de llegar al poder, la Concertación no le puede seguir echando la culpa a la dictadura por el deplorable estado de la educación. Es verdad que el gobierno de Pinochet legó un sistema moribundo. Pero la Concertación también recibió una constitución autoritaria y si fue capaz de negociar mejoras. Lamentablemente, la educación nunca fue una prioridad así de urgente para la coalición gobernante. En estos cuatro gobiernos, ninguna cartera ha tenido tantos ministros como la de educación.

 

Más que utilizarlas como municiones para pedir su desalojo de La Moneda, las ineficiencias concertacionistas se deberían construir en la base de un argumento propositivo de la Alianza. La ciudadanía sospecha que la Concertación no sabe gastar bien la plata. Ahora que hay mucha plata para gastar, la Alianza puede ejercer con vehemencia su rol fiscalizador. La única forma de derrotar a un gobierno con la billetera llena es convirtiéndose en adalid de la eficiencia. Porque los gobiernos concertacionistas han privilegiado en demasía los pitutos, el nepotismo, el compadrazgo y la paga de favores políticos, la Alianza puede compartir los beneficios políticos del nuevo gasto asignándose la tarea de velar por su buen uso. La superioridad moral que otorga una fiscalización rigurosa, meritocrática y transparente permitirá a la Alianza atenuar las ganancias electorales para la Concertación por las platas adicionales. Además, le darán a la coalición derechista la legitimidad democrática que necesita. Hay que enterrar el pasado pinochetista y convertirse a una nueva vida en defensa de la eficiencia y la justicia en el gasto público.

 

Pronto, el gobierno comenzará a gastar sin transar. La Presidenta Bachelet realizó muchos anuncios para educación, salud y protección social, pero no se comprometió a metas ni plazos. La Alianza puede quitarle el control de la agenda política al insistir en asociar el nuevo gasto a resultados concretos. La rendición de cuentas fortalece la democracia. Presionada por su coalición, Bachelet cedió en abrir la billetera pero se olvidó del criterio de eficiencia. La Alianza tiene ahora una oportunidad inmejorable para apropiarse de un tema ganador.

 

Este gobierno se ha caracterizado por los errores involuntarios. Repetidamente, la autoridad torpemente ha perdido el control de la agenda y ha caído víctima de sus propias improvisaciones. La Concertación hace méritos para que el electorado los desaloje. Pero en tanto la Alianza no haga méritos para que los chilenos los escojan como reemplazantes, la política chilena se caracterizará por dos coaliciones que irresponsablemente buscan nivelar hacia abajo.



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20070518 El misterio de Sebastián Edwards



Patricio Navia

Revista Capital, mayo 18, 2007

 

El economista Sebastián Edwards nos entrega una entretenida y provocadora novela. En su opera prima, demuestra que sabe escribir, pero que también es capaz de contar historias cautivantes y sorprendentes por su originalidad, sus guiños a la historia política de América latina y su capacidad para adentrarse incluso en las complejidades de la acelerada vida de los ricos y famosos del siglo XXI. La gracia de leer una novela escrita por un Ph.D. en economía de Chicago, profesor titular en UCLA, influyente asesor para gobiernos del primer y tercer mundo, y voraz lector de novelas, es que el autor posee una mente enciclopédica, pero también entiende perfectamente bien, como buen profesor, que hay que ser entretenido para cautivar a la audiencia. Mejor aún, Edwards sabe que el tiempo es escaso y que los potenciales lectores tienen muchas otras alternativas para entretenerse. Edwards optimiza profundidad con buena narrativa y una trama entretenida.

 

Ya que el autor es un reconocido economista, cuya pluma usualmente produce controversias, la publicación de la novela ha atraído la atención de la prensa. El iconoclasta autor, experto en arte latinoamericano y conocedor de la literatura universal, sabía que se pondría en la tarima para recibir fuego cruzado de que todos los que tuvieran cuentas pendientes, y también de aquellos que, no conociéndolo, simplemente querían atacarlo porque su personalidad lisa y llanamente provoca. Tal vez por eso mismo, desafiando la crítica, escribió una novela donde el personaje principal es el propio Sebastián Edwards.

 

Resulta innecesario sugerir que “El misterio de las Tanias” no califica como candidata a los más exigentes cánones de la literatura en español. Además de que sólo unas pocas novelas caben en esa categoría, el evidente objetivo de Edwards era otro. Esta es una novela perfecta para un fin de semana de reposo o para un largo viaje en avión.

 

Comprensiblemente, considerando los pergaminos del autor, la novela ha provocado inmediata reacción de la crítica que usualmente ignora las novelas de autores primerizos. Pero Edwards es un primerizo que hace un crossover desde la academia y por lo tanto algunos críticos no se pudieron aguantar para echar a andar el ventilador. En una reseña en El Mercurio, Camilo Marks dejó en claro su poco rigurosa animadversión a Edwards. Más que crítica literaria, Marks se prefirió convertirse en editor de estilo y corrector de errores. Por cierto, el propio Marks demuestra que todos nos equivocamos cuando él erróneamente alega que Swissair (www.swiss.com) ya no existe o que la palabra completitud tampoco existe (se puede verificar en www.rae.es). Además, Marks peca de provincialismo cuando se burla de Edwards por usar la palabra dossieres (que no se usa en Chile, pero sí en varios países de habla hispana) o cuando ironiza sobre cómo se hace un Martini (criticando en realidad al escritor inglés Somerset Maugham).

 

Ya como crítico, Marks resume la novela como una trama que “se desenvuelve en medio de personas muy inteligentes, de ilimitados recursos, sofisticadas, que frecuentan círculos sociales y académicos exclusivos y el protagonista pretende ser muy culto y versado, en lo serio y lo popular.” Acertada descripción. Eso es precisamente lo que hace interesante esta novela. Sebastián Edwards no pretende ser Pedro Lemebel, Nicomédes Guzmán o Diamela Eltit. Lo suyo no es hacer aquella literatura que solo unos pocos iluminados pueden entender. Aquellos que quieran entender el metalenguaje y los no lugares de las construcciones discursivas de los sujetos subalternos objetificados por las sociedad líquida debieran buscar alguna otra cosa. Esta novela es para un lector que quiere distraerse de su cotidianeidad. Edwards no nos quiere demostrar que es más inteligente, sólo busca entretenernos con una historia bien narrada, cautivante y que, además, se da el lujo de jugar con elementos verídicos. Pero no hay que confundirse, esta no es una novela sobre personas cuyos nombres han sido cambiados para proteger a los inocentes. Aquí, a partir de la realidad, Edwards inventa su propia versión para adultos de Alicia en el país de las maravillas.

 

Dudo que haya algún lector que vaya a sentirse defraudado al leerla. En El misterio de las Tanias, Edwards nos invita a una trama de espías, conspiraciones, crímenes, secretos, amores y aventuras seductoras. Para aquellos que nos ganamos la vida en salas de clases, oficinas, empresas, burocracias públicas, o realizando asesorías, El misterio de las Tanias será una aventura tan poco pretenciosa como una linda tarde de paseo y cine, pero así también de satisfactoria.

 



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20070312 Ambivalencia frente a la Concertación



Patricio Navia

La Tercera, marzo 12, 2007

 

Al conmemorar su primer año en el poder, la Presidenta Bachelet enumeró realizaciones para ocultar la necesaria autocrítica sobre la equivocada concepción de hacer política de su gobierno. Si bien la participación ciudadana es importante, la capacidad de liderar a los partidos de la coalición y negociar con la oposición determina el éxito o fracaso de un gobierno. Porque Bachelet no ha sabido complementar su cercanía con la gente con una igual sintonía con los partidos propios y de la oposición, el suyo ha sido un gobierno con mejores intenciones que resultados.

 

Bachelet ha tenido una relación ambivalente hacia los partidos. Durante la campaña intentó alejarse del conglomerado oficial y privilegiar diálogos con la ciudadanía. Después, la candidata recurrió a los partidos para asegurar la victoria en segunda vuelta. Una vez electa, los ignoró al nombrar el gabinete. Pero cuando se encontró con problemas en las primeras semanas, convocó a un cónclave de la Concertación. La crisis estudiantil llevó a Bachelet a potenciar su liderazgo personal, como mujer comprensiva y preocupada de los problemas de la gente. En su primer cambio de gabinete, Bachelet volvió a ignorar a los partidos. Pero cuando hubo que votar para el Consejo de Seguridad de la ONU, la Presidenta cedió ante las presiones de la DC. Frente al caso de corrupción en Chiledeportes, Bachelet irritó al PPD cuando se reunió con el senador disidente Fernando Flores. Durante su primer año, Bachelet se alejó de los partidos cuando se sintió segura y buscó refugio en ellos en los momentos difíciles.

 

En su discurso de ayer, Bachelet volvió a subrayar la importancia de la Concertación, convocando a los partidos a trabajar juntos. Aunque también evidencia que la Presidenta se siente débil, este nuevo llamado—de concretarse—le permitirá al gobierno aprovechar la mayoría concertacionista en el Congreso para avanzar su agenda legislativa. Pero el llamado de Bachelet debe ir más allá. Algunos temas sensibles (como el nombramiento del Contralor, cuestión que ya lleva 8 meses de atraso) requieren también de una negociación con la Alianza. Bachelet debe demostrar capacidad de liderar a los partidos de la Concertación y negociar con la oposición. Si para ello se precisa un cambio de gabinete, en buena hora. Pero la Presidenta no logrará entrar por la puerta grande de la historia si en su segundo año en el poder mantiene la misma ambivalencia en su relación con los partidos políticos de la Concertación y de la oposición.

 



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20070304 Méritos y méritos con apellidos



Patricio Navia

La Tercera, marzo 4,  2007

 

Al transparentar el nombre de los beneficiarios de la beca Presidente de la República, el gobierno de Bachelet dio un paso en la dirección correcta. Pero al alegar que “todo esto es un volador de luces sin ningún sentido”, la Ministra Hardy ignora la evidencia de las listas que ella misma entregó. Los miembros de la gran familia concertacionista están sobrerepresentados entre los becarios. Al parecer, y apegándose a lo que indican los datos, cuando los méritos fueron acompañados del apellido correcto, esos postulantes históricamente tuvieron una ventaja adicional.

 

En una columna sobre el nepotismo publicada el domingo pasado señalé que “La Concertación pagará costos cuando se transparenten los nombres de todos los hijos de ministros, senadores, diputados, intendentes y altos personeros políticos que fueron beneficiados con becas Presidente de la República desde 1990 hasta hoy.”

 

Entre 1990 y 2006, se otorgaron 1.879 becas. Aunque también se entregaron becas entre 1981 y 1989, sería iluso no suponer la discrecionalidad en una dictadura. Por eso, mi análisis se limitará al periodo 1990-2006. Si bien la elite dominante en la Concertación incluye miles de personas, para efectos pedagógicos realizaré un ejercicio limitándome sólo a las familias de aquellos que han sido ministros de estado. Desde el retorno de la democracia ha habido 118 ministros de estado. Al revisar la lista publicada por MIDEPLAN encontramos que hay 12 núcleos familiares de ministros con un hijo o hija becario (Alvear, Bitar, Aninat, Etchegaray, Foxley, Hardy, Huepe, Insulza, Lagos, Poblete, Rodríguez y Tohá).  La probabilidad de que alguno de esos núcleos familiares haya tenido un becario durante los 17 años de gobierno de la Concertación es de 1en 9,8. Esta lista naturalmente excluye a aquellos que recibieron becas y después fueron ministros, que son una excelente evidencia de lo beneficioso que resulta para el país tener este programa de becas.

 

La Ministra Hardy dijo también las becas no buscan corregir las desigualdades de origen social. Tiene razón. La beca Presidente de la República para estudios en el extranjero es para la elite. Por eso, para comparar cómo le fue a la familia concertacionista con el resto de los chilenos, excluiremos a los que no son de la elite. Si consideramos que el 10% de los chilenos de más ingresos pertenece a la elite, podemos estimar que hay unas 250 mil familias (1 millón y medio de personas) en esa situación.  La probabilidad de que una de esas familias haya tenido un becario en los últimos 17 años es de 1 en 133. Esto es, las familias de la elite concertacionista tienen 13 veces más posibilidades que una familia de la elite nacional de haber tenido un becario en los últimos 17 años. 

 

El gobierno ha alegado que los todos los becarios con apellidos conocidos tenían mérito suficientes para recibir la beca. Conozco personalmente el trabajo de alguno de ellos y en general comparto esa opinión. Pero el hecho de que lo hayan tenido no quiere decir que tuvieron la misma posibilidad de recibir la ayuda del estado que otros postulantes tan meritorios como ellos. Si suponemos que en promedio los méritos académicos y profesionales de los postulantes con apellidos son comparables a los del resto de las familias de elite, es difícil explicar por qué los núcleos familiares de los ministros concertacionistas están sobre-representados.

 

Uno podría decir que hay más disposición a querer (o poder) trabajar en el sector público cuando uno es hijo de un ministro y que eso explica la sobre-representación. Pero el espíritu de servicio público no se lleva en los genes. De existir procesos realmente competitivos (sin mirar los apellidos) entre todos aquellos que tienen mérito y ganas de trabajar en el sector público, el porcentaje de apellidos concertacionistas no debería ser estar tan sobre-representado.

 

Un experto en estadística nos diría que basta con conocer el porcentaje de todos aquellos que, teniendo mérito, postularon y obtuvieron la beca, para saber si el porcentaje de miembros de la familia concertacionista que, teniendo méritos, postuló y obtuvo la beca se sale de la norma. Pero aún si el éxito en las postulaciones de ambos grupos fuera similar, la sospecha de que la asignación de becas privilegia a personas con los contactos correctos en el gobierno (y aquí también se incluyen las redes políticas, donde si aparecen muchos nombres cuyos méritos académicos son cuestionables o abiertamente insuficientes) bien puede haber disuadido de postular a muchos meritorios aspirantes.

 

La beca Presidente de la República busca premiar el mérito y fomentar la vocación de servicio público. El que muchos becarios anteriores trabajen ahora en importantes puestos de gobierno evidencia que la beca cumple ese objetivo.

 

Más aún, porque la gran mayoría de los becarios fácilmente puede demostrar que tenía méritos suficientes para postular, podemos concluir que la asignación de becas a personas inadecuadas es claramente limitada. Pero la sobrerrepresentación de apellidos concertacionistas también permite concluir que hay un problema grande en la asignación de becas. ¿Cuántos postulantes con igual o mayor mérito que aquellos que tenían apellidos fueron postergados? No lo sabemos. A eso se suma la presencia evidente de conflictos de interés. Si los padres ministros tenían injerencia directa o indirecta en la decisión sobre quién recibía las becas, esos hijos debieron haberse inhibido de postular. 

 

La señal de transparencia que impulsó la Ministra Hardy al hacer públicos los nombres no constituye un enlodamiento para nadie. La transparencia nunca enloda. Es verdad que en algunos casos deja en evidencia algunos problemas, pero nadie debiese sentirse cuestionado porque se haya hecho pública una lista de beneficiarios de una beca que pagamos todos los chilenos.

 

Hardy ha reclamado que MIDEPLAN ya había tomado algunas medidas para regularizar e institucionalizar ciertas prácticas. Pero así como este gobierno se enorgullece de los logros de las administraciones concertacionistas anteriores, corresponde también asumir sus fracasos y equivocaciones.

 

Al entregar los datos, la Ministra Hardy apropiadamente destacó que con la adopción de mecanismos de revisión ciega de currículum (se decide sin conocer el nombre del postulante) y la incorporación de un consejo de 15 miembros en el proceso de selección, aumentó el número de mujeres becarias respecto a años anteriores. Ese solo hecho ya demuestra que la cancha, hasta el año pasado, cuando se introdujeron los cambios, no estaba pareja. La adopción de nuevas medidas para emparejarla permitirá que aquellos postulantes sin apellidos queden en igualdad de condiciones que quienes, teniendo mérito, son miembros de la gran familia concertacionista.



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20070225 La gran familia concertacionista



Patricio Navia

La Tercera, febrero 25, 2007

 

 

Después de casi dos décadas en el poder, muchos en la Concertación inevitablemente han caído en la práctica de administrar el aparato del Estado como patrimonio familiar. La cantidad de apellidos de la familia concertacionista que se repiten en puestos de confianza en el gobierno y en cargos que debiesen haber sido llenados en forma competitiva y meritocrática, es impresentable. Hijos, padres, hermanos y primos de líderes oficialistas están sobrerrepresentados. Los apellidos se repiten con preocupante y cuestionable frecuencia también en las becas Presidente de la República y en muchos contratos de asignación discrecional para estudios en el extranjero. La familia concertacionista parece creer que el Estado son ellos.

 

La consolidación democrática y el fortalecimiento de la sociedad civil, asociado con mayores demandas por transparencia y una creciente presión por convertir el principio de igualdad de oportunidades en una realidad concreta, nos obliga a abordar de frente y sin tapujos el problema de los pitutos al momento de conseguir empleo público y de postular a recursos fiscales, sean becas para estudios en el extranjero o proyectos concursables financiados por el Estado. Algunos alegarán que el 'pituto' es una práctica nacional enraizada en la sociedad chilena. Pero así como Chile fue capaz de transformarse para adoptar políticas de libre mercado más competitivas, también debe extirpar de raíz la práctica del pituto y del nepotismo en el sector público. Por cierto, es saludable que el nepotismo sea erradicado también en el sector privado. Pero un empresario que contrata a un pariente inútil paga costos con la competencia . En el sector público, en cambio, la ausencia de competencia en los servicios que entrega el Estado hace que el pituto no tenga costos frente a los competidores.

 

El caso Dávalos

Tomemos un caso concreto y simbólico de lo que implica ser parte de la familia concertacionista. Sebastián Dávalos Bachelet es el hijo mayor de la Presidenta Michelle Bachelet. Actualmente es funcionario de la Dirección de Comercio Exterior (Direcon) del Ministerio de Relaciones Exteriores. En una reciente entrevista, Dávalos señaló que "me da lata asumir que no se valoren las capacidades. La otra vez leí un artículo sobre las redes familiares en las contrataciones del gobierno. Y en la foto principal aparecía yo. Entré a trabajar a la Cancillería antes de que asumiera este gobierno…. No se miden las capacidades, sino que se dice que uno está aquí porque es 'hijo de'".

 

Pero la realidad es distinta. Después de un regular desempeño en la Prueba de Aptitud Académica, entró a estudiar "Ingeniería Comercial y Administración Pública antes de decidirse por Ciencias Políticas". Terminó sus estudios en la Universidad Central, comenzó a hacer una práctica pagada ($250 mil al mes) en Direcon a comienzos de 2005. Luego de titularse, entró como funcionario a la misma repartición, donde se desempeña hoy y desde donde reclama por haberse convertido en el símbolo del tráfico de influencias. Si bien entró a trabajar antes de que empezara este gobierno, la candidatura presidencial de su madre era un hecho cuando él fue discrecionalmente seleccionado para realizar una práctica pagada. Otros estudiantes de ciencias políticas con mejor rendimiento académico realizaron prácticas no pagadas junto a él y no fueron seleccionados. Por cierto, la PSU no es el único -ni el mejor- indicador de calidad académica. Muchos estudiantes corrigen falencias de su educación secundaria en la universidad y, cuando se les dan las oportunidades, tienen un desempeño académico notable. Pero ese no fue el caso de Dávalos.

 

Ahora bien, las preferencias a familiares en puestos de confianza o al momento de otorgar becas de estudio en el exterior provocan dos problemas diferentes. Cuando las personas son favorecidas pese a no tener las credenciales suficientes, el daño que se realiza es mayor. Candidatos mejor calificados quedan fuera, lo que constituye una injusticia. Además, el desempeño de esas personas en sus nuevos cargos o en sus estudios tendrá costos en materia de eficiencia y optimización de los recursos públicos. La utilización de 'pitutos' en este tipo de situaciones debiera condenarse ampliamente sin mayor controversia.

 

Pero supongamos que los favorecidos son tan buenos y meritorios como aquellos que no fueron considerados por no tener los apellidos adecuados. En tal caso, no se produce un daño a la eficiencia ni a la optimización de recursos. Pero si un joven de regular desempeño titulado de una universidad de regular reputación es preferido sobre otras personas de similares condiciones sólo por ser pariente de altos personeros del gobierno, se violenta el principio de igualdad de oportunidades. Aun si el susodicho realiza un excelente trabajo y demuestra que es bueno para la pega, la discriminación inicial no se redime. Aquellos que quedaron fuera por no tener el apellido adecuado también podrían haber hecho un excelente trabajo. No es un problema de eficiencia. Es una cuestión de justicia e igualdad de oportunidades.

 

No hay empate moral

Esta práctica de preferir a miembros de la familia concertacionista (aún cuando tengan las credenciales requeridas) atenta contra una promesa fundacional de igualdad de oportunidades que hiciera la Concertación.

 

Chile ha cambiado mucho desde 1990. Los acuerdos de elite que pavimentaron el fin de la dictadura han sido reemplazados por mayores participación, transparencia y exigencias en probidad. Nuestra democracia se ha consolidado. Pero eso también implica que el control de calidad de los procedimientos debe mejorar. Si bien Aylwin, Frei y Lagos escogieron a parientes para puestos de confianza, hoy no podemos aceptar que eso siga ocurriendo.

 

La Concertación pagará costos cuando se transparenten los nombres de todos los hijos de ministros, senadores, diputados, intendentes y altos personeros políticos que fueron beneficiados con becas Presidente de la República desde 1990 hasta hoy. Es cierto que eso también pasaba en el gobierno militar. Pero en dictadura se violaban los derechos humanos y no había rendición de cuentas. Aunque la transparencia bien debiera desnudar también a todos los beneficiados con pitutos en gobiernos anteriores, el empate moral no corresponde.

 

El caso de Dávalos Bachelet ciertamente no es el único. Ricardo Lagos Weber, el ministro vocero de gobierno hizo brillante carrera en Direcon, pero fue inicialmente contratado en forma discrecional cuando su padre era ministro de Educación. El hijo del ministro de relaciones exteriores, Alex Foxley ha desempeñado puestos de confianza -nunca por concursos competitivos- en varios gobiernos de la Concertación en Washington. La larga lista de la familia concertacionista que cobra sueldos en el sector público y que han estudiado en el extranjero financiados con dineros de los impuestos de todos los chilenos subraya la creciente percepción que la Concertación administra el Estado como un feudo familiar.



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20070217 El hijo apitutado de la Presidenta Bachelet



En una entrevista aparecida en El Sabado de El Mercurio (17 de febrero de 2007), Sebastian Dávalos, el hijo de 28 años de la Presidenta Bachelet, demuestra como la Concertación ampara las peores prácticas de nepotismo.  Dávalos Bachelet dice:
"Lo que más me da lata asumir es que no se valoren las capacidades. La otra vez leí un artículo sobre las redes familiares en las contrataciones del Gobierno. Y en la foto principal aparecía yo. Entré a trabajar a la Cancillería antes de que asumiera este Gobierno. ¿Qué hago, entonces? ¿Qué opciones me quedan? ¿Renunciar? ¿Dedicarme al mundo privado? Y aunque así fuera, allí va a pasar lo mismo, van a decir que hay tráfico de influencias. No se miden las capacidades, sino que se dice que uno está aquí porque es 'hijo de"'.

Pues bien, let's set the record straight. Dávalos Bachelet obtuvo su título de administración pública y ciencia política en la Universidad Central (que no es una buena universidad en ciencia política). Fue un alumno mediocre en una universidad poco exigente. Y a diferencia de muchos que estudian en La Central por problemas de plata o porque fueron a colegios donde no tuvieron buena preparación para la PSU (PAA), Dávalos fue a la Central porque nunca fue demasiado estudioso. Comprensiblemente, Dávalos omite esos temas en su entrevista.

Dávalos Bachelet entró a DIRECON (la oficina de comercio internacional de Cancilleria) a hacer su práctica pagada en el año 2005 (250 mil pesos al mes, 500 dólares), cuando su madre era precandidata presidencial e iba primero en las encuestas. Por cierto, la mayoría de los alumnos de ciencia política del país no hacen prácticas donde reciben 250 mil pesos como pago. Es más, al menos una alumna de ciencia política de la Universidad Católica (excelentes notas) que hizo su práctica en DIRECON junto a Dávalos recibió pagos de 50 mil pesos al mes.  Dávalos quedó trabajando en DIRECON después de hacer su práctica unos pocos meses antes que su madre fuera presidenta.

Como profesor de ciencia política en la Universidad Diego Portales, puedo atestiguar con seriedad que Dávalos recibió un trato especial en DIRECON precisamente por ser hijo de la candidata presidencial de la Concertación. Si se hubiera llamado Sebastián Pérez González y no fuera hijo de nadie, jamás hubiera entrado a hacer la práctica en DIRECON y mucho menos estaría trabajando ahí ahora. En cambio, le pasaría lo mismo que a la mayoría de los titulados de administración pública y ciencia política de la Universidad Central. Pegas malas, cuando hay pega. Claro, hay excepciones, otros igualmente apitutados que Dávalos Bachelet. Pero vaya que resulta difícil demostrar las capacidades a la hora de conseguir pega para alguien que estudió en la Central debido a sus carencias económicas o a la deficiente educación primaria o secundaria.

Al dar entrevista a El Sábado, Dávalos se somete voluntariamente al escrutinio público. Ahora, que se aguante. Apitutado, intelectualmente mediocre y además haciendo declaraciones engañosas. Si a la burocracia pública entraran los mejores, por mérito y no por pituto, Davalos jamás hubiera entrado a DIRECON. Dávalos, el hijo de la presidenta que, cuando era candidata, prometió gobernar con los y las mejores (ella prometiendo, y su hijo conseguiendo pega por pituto).

Pato Navia
 
(P.D.  Y sería hora que El Mercurio se animara a usar la revista para preguntar cosas de verdad y no como un espacio de publireportaje).
 
Para ir a la entrevista de El Mercurio:
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sábado 17 de febrero de 2007
SEBASTIÁN DÁVALOS, HIJO DE MICHELLE BACHELET
Los costos del poder
El Mercurio. Revista El Sabado

http://diario.elmercurio.com/2007/02/17/el_sabado/_portada/index.htm

 



Enviado por patonavia
 
 
20070210 Expansiva: ¿El PPD de los think tanks?



Patricio Navia

Que Pasa, febrero 9, 2007

 

A  un año de que cuatro de sus integrantes fueran nombrados en el primer gabinete de Michelle Bachelet, la Corporación Expansiva -de cuyo Consejo Ampliado soy miembro- atraviesa por una compleja etapa. Si bien ha logrado que muchas de las posturas liberales que promueven al interior de la Concertación hayan sido adoptadas como propias por el gobierno -donde muchos miembros del Consejo Ampliado ocupan puestos de confianza como subsecretarios, jefes de servicios y asesores de ministros-, hay una innegable percepción pública respecto a que el think tank está desperfilado.

 

Aunque el abultado calendario de actividades realizadas, proyectos ejecutados y documentos publicados en 2006 desmiente esas especulaciones, Expansiva ha demostrado mucho más capacidad para producir ideas que para posicionarse pública y políticamente como un cohesionado centro de estudios. Dicho de otro modo, es mucho más think que tank.

Por cierto, si Expansiva estuviera sólo interesada en el debate académico, no debería preocuparse por tener un perfil público debilitado. En dicho mundo, el think pesa más que el tank. Si bien las disputas académicas a menudo son sangrientas, el supuesto básico es que los intelectuales discuten ideas, no hacen política.

Pero en un ambiente dominado por los partidos, por el gobierno y el Congreso, las ideas necesitan de un sustento político para poder ser viables y para poder convertirse en políticas públicas. En dicho mundo, muchas veces el poder del tank derrota los buenos argumentos del think.

 

El mal del PPD

 

Aquí me permito una comparación algo injusta, pero útil. Ya que las ideas no son suficientes para ejercer poder político, Expansiva corre el riesgo de convertirse en el PPD de los centros de estudios.

 

No me refiero a los casos de corrupción que asolan al PPD. Una de las ventajas de Expansiva es que todos sus miembros son profesionales exitosos cuya participación en el think tank es ad honórem. Me refiero más bien a la falta de densidad política que demostró tener el PPD, apropiadamente denominado partido instrumental. Escándalos similares de corrupción han causado menos perjuicio a partidos más establecidos, como el PS y el PDC. El PPD se vio más dañado no porque albergue más corrupción, sino porque demostró tener menos cohesión política como colectividad.

 

Algo similar le puede pasar a Expansiva, pero en el campo del debate de ideas. La falta de cohesión política interna puede terminar convirtiéndose en su talón de Aquiles. Si bien congrega un formidable capital humano, el paraguas político que ha construido dista mucho de lo que se precisa para lograr expandir las ideas más allá de los círculos académicos y tecnócratas hacia los ámbitos de los partidos y de la política en general.

 

Un ejemplo inmejorable es la insólita declaración de la ministra de Defensa Vivianne Blanlot en su primer viaje a Haití en mayo de 2006. Pese a que, al igual que el titular de Hacienda, Andrés Velasco, ella fue una de las fundadoras de Expansiva, la ministra evidentemente erró al sugerir que Chile debería entregar ayuda económica ("créditos blandos") al gobierno de Haití. Velasco rápidamente puso las cosas en su lugar, recordándole las funciones de cada quien. Si alguien sospechó que los expansivos se comportarían como cohesionado grupo en el gabinete de Bachelet, este primer incidente debió despejar cualquier duda.

 

El gabinete de Bachelet

 

Desde su creación en 2001, Expansiva ha logrado ubicarse en el abultado -y a menudo poco productivo- ambiente de los centros de estudios en Chile. Con un presupuesto infinitamente inferior al del derechista liberal CEP o incluso al del oficialista Chile 21, ha logrado competir en posicionamiento mediático y -lo que es más importante- en producción intelectual. Porque su fortaleza radica en que ha sido capaz de congregar brillantes académicos y expertos en políticas públicas que contribuyen, desde su perspectiva liberal afín a la Concertación, con ideas y propuestas para mejorar la calidad y cobertura de las políticas públicas, Expansiva es un punto de encuentro y diálogo entre personas que en forma independiente y autónoma poseen una meritoria producción académica e intelectual. Más que una instancia donde se forman nuevos cuadros de expertos, ha sido siempre un lugar donde se congregan mentes afines para aunar esfuerzos que buscan mejorar la calidad de las políticas públicas.

 

De hecho, los cuatro expansivos que fueros convocados por la presidenta Bachelet para unirse a su primer gabinete -además de los ya mencionados Velasco y Blanlot, Eduardo Bitran en Obras Públicas y Karen Poniachik en Minería y Energía- tenían méritos de sobra, independiente de su relación con la corporación, para ocupar un lugar ahí. Ninguno de ellos llegó gracias a su militancia en Expansiva. Por cierto, en el caso de Velasco, Blanlot y Bitran, socios fundadores, su demostrada experiencia académica y en puestos de gobierno los llevó a aunar esfuerzos para crear esta corporación. En definitiva sería injusto decir que ellos llegaron al gabinete gracias a Expansiva. Más bien, Expansiva llegó al gabinete gracias a que supo congregar técnicos capaces y hábiles intelectuales.

 

La peligrosa resistencia al tank

 

Las propuestas que han emanado de Expansiva desde su creación son evidencia de la capacidad de convocatoria de la corporación, no demuestran que el think tank sea capaz de producir ideas propias. Expansiva promueve ideas, pero éstas las producen en forma autónoma los intelectuales y técnicos asociados a la corporación. Es el lugar de encuentro para que ellos aúnen sus esfuerzos y para que las ideas liberales cobren más potencia. Dios los crea liberales e intelectualmente curiosos, Expansiva los junta. Es eso lo que explica su éxito en la producción de ideas y propuestas. En su página web, tiene casi 100 documentos de trabajos, cientos de columnas de los miembros de su Consejo Ampliado y una serie de registros visuales y de audio de decenas de seminarios organizados.

 

Pero si en él han sobrado las ideas, el centro de estudios liberal también ha tenido algunas flaquezas. Como ya señalé, ha carecido de las herramientas suficientes para ejercer su condición de tank.

 

Políticamente, nunca ha ejercido demasiada influencia. Algunos de los miembros de su directorio -y del Consejo Ampliado- militan en distintos partidos de la Concertación. La gran mayoría, ni siquiera milita. Todos están en Expansiva porque comparten sus referentes generales. Pero nadie entró ahí para hacer política. Es más, aquellos que hacen política la hacen desde otros espacios. Expansiva nunca ha querido aceptar el componente de tank. Es como si la corporación tuviera miedo de combinar el think con el tank. A diferencia de otros centros de estudios -que por cierto producen menos ideas- que participan mucho más activamente en el debate político, Expansiva nunca se ha atrevido a asumir un rol político más activo.

 

Ciertamente, esa preponderancia de las ideas sobre la política ha contribuido a generar un ambiente donde se discuten y plantean propuestas innovadoras y se realizan análisis críticos de la realidad chilena. Pero en el desinterés de asumir su condición de actor político radica la principal debilidad de Expansiva.

 

Así como el PPD siempre equivocadamente insistió que podía ser un partido de simpatizantes con sensibilidad PPD sin tener buenos cuadros, Expansiva erradamente ha prestado insuficiente atención a "la política de las políticas públicas". En el caso del PPD, su error permitió que sus cuadros fueran mal formados y que personas poco idóneas asumieran puestos de importancia. Cuando llegó la crisis, la falta de identidad partidista facilitó las cosas para que sus militantes -incluso los fundadores- dieran un triste espectáculo de descalificacions mutuas y virtual guerra civil.

 

En el caso de Expansiva, el descuido en desarrollar un componente político para blindar y potenciar las ideas que produce amenaza su influencia futura. Porque, después de todo, para que las propuestas sobre políticas públicas se conviertan en realidades concretas, se necesita de habilidad política para lograr que los gobernantes las asuman como prioridades propias y las enarbolen como banderas de lucha.

 

Expansiva debe asumir su rol como interlocutor político. Esto no quiere decir que necesite convertirse o comportarse como partido. Basta con comenzar a construir un buen tank para poder promover mejor todo el think por el que la corporación meritoriamente ya se ha hecho un nombre y se ha ganado una reputación.

 

 

 



Enviado por patonavia
 

 
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